miércoles, 7 de diciembre de 2016

La dulcemente amarga historia de Samuel Derrick

31 de octubre.

Las hojas se amontonaban a sus pies arrastradas por una suave brisa procedente del mar rugiente, que se empeñaba una y otra vez en combatir las duras paredes rocosas del acantilado sobre el que se encontraba el viejo cementerio de Old Hampton.

El día era frío y soleado, el sonido lejano de gaviotas y barcos acompañaba la melodía del aire que acariciaba los cipreses y sauces embadurnando del aroma dulce de sus hojas.

La luz colmaba de paz los rostros angelicales de mármol de algunas estatuas y calentaba los huesos de los que en vísperas de todos los santos querían rendir culto a los que partieron forzosamente en busca de otra vida.

Había dedicado la mañana a pasear por entre las lapidas y panteones de famosos, eruditos, tunantes, ladrones y anónimos, meditando sobre la vida antes de visitar a su viejo amigo. Pero ahora estaba frente a aquella roca de granito pulido, serio, callado, con los ojos perdidos entre las letras de su nombre "Samuel Derrick"

En su cabeza sonaba Hurt de Johnny Cash. Sus ojos querían llorar el recuerdo de aquel nombre.

Me hiero a mí mismo hoy 
para ver si aún siento, 
me concentro en el dolor 
la única cosa que es real. 
La aguja perfora un orificio, 
el viejo pinchazo familiar 
trata de matarlo todo 
pero yo recuerdo todas las cosas. 

¿En qué me he convertido? 

Mi más dulce amigo, 
cada persona que conozco 
se aleja al final. 
Pudiste tener todo 
mi imperio de impureza, 
te defraudaré 
y te lastimaré. 

Uso mi corona de mierda 

en mi trono de embustero 
lleno de pensamientos rotos 
que no puedo reparar. 
Bajo la mancha del tiempo 
el sentimiento desaparece, 
eres alguien más 
y yo aún estoy aquí. 

¿En qué me he convertido? 

Mi más dulce amigo, 
cada persona que conozco 
se aleja al final. 
Pudiste tener todo 
mi imperio de impureza, 
te defraudaré 
y te lastimaré. 

Si pudiera empezar nuevamente 

a un millón de millas de aquí 
me conservaría a mí mismo… 
encontraría un camino…

Samuel Derrick era un hombre con demasiada historia detrás, pero casi nadie la recordaba, o al menos no había durado vivo lo suficiente para poder contarla a sus nietos, pues Samuel Derrick era como un fantasma del que nadie parecía darse cuenta. Esto no se debía a la falta de carisma del mismo o a algún tipo de introversión, si no mas bien a su casi total desprecio por el ser humano que alcanzaba picos en los cuales no quería salir de su viejo estudio y dejar que le olvidaran.

Tal vez los pocos contactos con personas le hicieron sentir tan humano que decidió desaparecer del todo e intentar empezar de nuevo, en esa otra vida forzosa, pero aunque lo intentaba una y mil veces, jamas conseguía acabar con esa agonía de años vividos.

Samuel Derrick solo amaba una cosa, a si mismo y a un viejo amuleto heredado hace tiempo.

El tiempo iba pasando frente a la lapida y no dio cuenta de ello. Paso los minutos caminando por la memoria de su viejo amigo: tantas anécdotas, tantos recuerdos y su incapacidad para poder olvidar le provocaron una pequeña angustia que se traducía en una presión sobre su pecho y lágrimas furtivas sobre sus parpados.

Saco de su bolsillo un viejo amuleto, una pieza de oro con grabados en ambas caras. lo acaricio con dulzura, pues había sido el causante de tantas intrigas y tantos desvelos que se habia convertido en su unica obsesion y el motivo por el que Samuel Derrick estaba enterrado allí.

La intriga de su funcionamiento lo mantuvo al borde de la locura y cuando el borde se disipo y decidió acabar con todo, fue cuando desveló el sentido de sus desvelos. Ese fue el inicio miles de muertes, todas de él mismo.

De pronto su meditación se vio interrumpida por una voz femenina:

-Señor Derrick, tenemos que irnos...

El hombre se giro y observo a una joven rubia abrigada con una gabardina marrón y una bufanda blanca:

- Hola Sienna- respondió con voz áspera- estaba despidiéndome de mi amigo.

- Señor, sigo sin entender con que intencion alguien inmortal visita su propia tumba vacia.- dijo mientras se apartaba el flequillo de las gafas de sol- ¿Es por fetichismo?

Samuel Derrick sonrió, mantuvo un segundo la respuesta en sus labios mientras volvía a mirar su tumba y guardaba el amuleto en el bolsillo- Mi querida Sienna, a veces para progresar debemos enterrar en nuestra memoria partes de nosotros mismos, pero alguien como yo, incapaz de olvidar, requiere por necesidad, morir completamente y ser enterrado para volver a ser otra persona nueva.

- Pues no lo entiendo - dijo Sienna girando la cabeza y encogiéndose de hombros.

- Nadie lo entenderá- dijo clavando sus ojos en los de ella- pero si has entendido cual es nuestra misión para Old Hampton, el tiempo te demostrara que solo los que han vivido la muerte de cerca, recuerdan la cicatriz en su alma, y es ese miedo el que nos hace progresar y ser mejores personas, la ciudad sufrirá, pero la cicatriz en su alma la harán renacer como me hicieron renacer a mi, "la muerte es el inicio de todo".

- "La muerte es el inicio de todo" - respondió Sienna.

Con paso sereno caminaron juntos hacia un Mercedes gris en el que esperaban dos hombres trajeados que vigilaban los alrededores.

"la muerte es el inicio de todo"