Solo los que conocemos el insomnio, podemos hablar de los placeres que oculta la noche, y de todos los placeres, la sutileza de algunos solo es disfrutada por los que pueden sufrir en sus carnes la agonía de los mismo sin que les deje cicatriz.
Ella disfrutaba de los placeres que le brindaba el insomnio, y su favorito era la soledad. Se pasaba las noches escribiendo en un cuaderno encuentros fortuitos entre jóvenes amantes, e incluso se permitía fantasear con ser algún día la protagonista de alguna de sus historias, hasta que el cansancio y la mala consciencia de ver sola cada amanecer, la vencían al sueño.
Era cierto que podía ser considerada una chica guapa e incluso bastante llamativa, a pesar de considerarse a si misma del montón. Tenia evidentes rarezas (siempre de negro, con su pelo rubio con mechones azules y un largo flequillo para esconder sus ojos verdes de las miradas indiscretas) que no hacían mas que llamar la atención sobre ella, pero siempre intentaba por todos los medios pasar desapercibida.
Conoció al que creía su alma gemela hacia un año, se llamaba Raul, era otro rebelde como ella, oponiéndose al canon establecido y viviendo la vida en paralelo con la creatividad. Se dedicaba a la música, o eso le dijo a ella, pues se conocieron por un chat y nunca llegaron a verse.
Todo era realmente maravilloso e incluso llego a plantearse la palabra amor, palabra que por otra parte le parecía repugnate y conformista, pero todo se torció, como siempre se torcían las cosas en la vida, pues Raul al final era Frank, padre de dos hijas y un cerdo en toda regla que solo quería de ella fotos ligeras con las que poder... mejor no mencionarlo...
Lo descubrió por error cuando la webcam de "Raul" se encendió accidentalmente y la respuesta a la pregunta ¿estas con tu padre mirándome? era respondida por un cuarentón baboso con un "no, sabes que ellos se van a dormir pronto"
No sabia si lo que sentía era asco, miedo o rabia, lo que estaba claro es que la habían usado. Pensó en las cosas que hablaron, en los secretos que le había confiado, y en que había sido al primero al que le había confiado su cuerpo, aunque solo fuera de manera virtual.
En la penumbra de su habitación, ya no sonaba el desgarrado murmullo del boligrafo, si no la respiración entrecortada de un llanto ahogado. Bajo las sabanas de su cama se escondía deseando que todo aquello fuera un error y que el arrepentimiento del mismo llegara en forma de mensaje, pero no contó con que los cerdos no tienen sentimientos y que la realidad es siempre mas cruel cuanto mas se desea que no sea cierta.
Tan solo tenia 20 años, pero ya cree saber del mundo suficiente para querer salir de el.
Abandono la casa silenciosamente a pesar de que en ella no había nadie pues su padrino y ahora tutor, aun no había salido de trabajar, y errante camino por las solitarias calles de Old hampton. Se paro en un par de bancos intentando meditar lo que ya había decidido, sin sus padres, sin amigos se sentía demasiado sola en la vida, hasta el punto de que su pequeño placer le acaba de hacer la peor de las cicatrices.
Ya lo tenia decidido, y puso camino hacia el puente de Half Mile.
Angel caminaba de vuelta a su casa, había pasado la noche en el Cole´s Site escuchando un concierto de jazz. En sus bolsillos no quedaban monedas para un taxi y la noche estaba lo suficiente despejada para que el cuerpo le pidiera volver a casa dando un rodeo.
Paseaba escuchando el silencio de las calles que solo era desgarrado por algún coche.
Cuando llego a la altura del Half Mile vio a una chica sentada en el borde del puente, frunció el entrecejo y acelero un poco el paso sospechando que lo que estaba a punto de pasar no acabaría muy bien.
La chica parecía estar llorando y miraba al cielo una y otra vez, se seco la cara con las mangas y se puso de pie.
A Ángel le dio un vuelco el corazón; Si gritaba, el susto podría hacerla caer pero si no hacia nada, aquella chica intentaría algo de lo que nunca podría arrepentirse jamas, pues acabaría muerta, así que tiro el cigarrillo a medias y la carpeta que siempre le acompañaba y salio corriendo.
completamente desconsolada, la chica lo tenia decidido, al menos de aquella manera quizás se encontraría con sus padres y ya nada malo le volvería a pasar, pero el suicido nunca es bueno, ni siquiera como ultima opción, pues es solo para los cobardes, pero a ella eso no le importaba.
Respiro hondo y sintió su corazón latir con fuerza, le temblaban las piernas - ¿y si no debiera hacerlo? ¿y si...?- dio un paso mas corto hacia el borde y cuando las dudas se silenciaron para dejarse caer, unas manos la agarraron con fuerza por la tripa, tirando de ella hacia la calle y derribandola contra el suelo, a ella y al dueño de esas manos.
Cuando Angel la vio tendida, una completa desazón le inundo el alma. Aquella chica no era ninguna desconocida e intento buscar las palabras con las que reprender a la temeraria muchacha, pero antes de que pudiera articular palabra, ella se lanzo sobre Angel y lo abrazo con fuerza mientras se deshacia en lagrimas...
- Tranquila Anna, ya se acabo, no te preocupes...
Anna se sentía estúpida y absurda, como una niña que no sabe tomar las correctas decisiones, realmente como lo que era.
Angel saco el móvil del bolsillo y marco...
- ¿Que pasa? ¿vas tan borracho que no recuerdas donde vives?
- Cole, ven a mi casa a toda ostia, tengo una mala noticia. Anna a intentado tirarse del Half Mile.
Este relato va dedicado a todas esas personitas que intentan jugar a ser mayores, a todos aquellos que toman decisiones de adultos y cuyas consecuencias adoptan como niños. Va para todas aquellas personas que creen saber como es el mundo y a los que el mundo termina devorando. No estáis solos, y aunque os equivoquéis siempre habrá unas manos que intenten sacaros de las peores
de las situaciones.
Mil historias surgen en las calles y avenidas de esta ciudad, quizas tu seas tambien uno de sus habitantes
martes, 8 de octubre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
El corazón del mimo
Como cada mañana, Hugo Petrov, hijo de Claudia e Igor Petrov, difuntos ex-artistas circenses y trapecistas, se levantaba en su minúscula buhardilla alquilada de la calle Leister Simpson. Con cuidado de no darse con la frente en el techo, y no tirar las cuatro cosas de la mesilla. Se levantaba casi siempre con una terrible resaca del día anterior. Era triste, pero la vida de Hugo se limitaba cada dia a la misma rutina:
Se levantaba a las 9 de la mañana, se encendía un pitillo y después de rascarse la cabeza, encaminaba sus pasos al espejo del baño - Única habitación aparte de toda la estancia, pues la pequeña buhardilla no permitía mucho mas- colocaba el pitillo en el lavamanos y se miraba en el espejo.
"Hay estoy yo, otra vez" pensaba cada día mientras miraba el rostro enjuto que lo observaba desde el otro lado del cristal. Se lavaba la cara y recogía de nuevo el pitillo, el cual había cogido el sabor del jabón repegado del lavabo. Iba a su pequeño hornillo y miraba dentro de la cafetera si quedaba algo de café, "Genial, otro día sin desayunar"-Pensó al ver la cafetera vacía de nuevo- "tengo que dejar de ser tan vago y ocuparme un poco mas de todo esto".
La buhardilla de Hugo estaba completamente desordenada: En el sofá había manchas de cualquier cosa y quemaduras de cigarro, en la mesita que había en frente, unas latas vacías de cerveza, dos o tres vasos con resto de café y un cenicero con miles de chustas de canuto y colillas. Miro a su alrededor y vio muchísima ropa por lavar y planchar, miro su reloj y comprendió que el tiempo se le echaba encima, así que decidió dejarlo todo para luego y comenzar a prepararse.
De un salto se coloco frente al viejo tocador de su madre, toco el interruptor y se encendieron tres de las diez bombillas que había puestas en torno al espejo, el pobre había pasado tiempos mejores, pero desde que Claudia e Igor murieron, paso por las manos de unas 100 personas en aquel circo, y cada una de las marcas de aquel tocador contaba una historia diferente: Quemaduras de puro de Sebastien el domador, una mancha amarillenta de café de Louis el trapecista, rayones de colores de las pinturas de Pumchi y Xuxo los payasos, hasta el fallido intento de restauración de la señorita Lana, la adiestradora de palomas que solo lo había dejado a medio acabar. Siempre quiso llevárselo del circo hasta que al fin un día consiguió recuperarlo y llevárselo consigo pues a pesar de su estado, le traia muy buenos recuerdos de su madre, como cuando miraba como se maquillaba antes de salir y ella le devolvía el gesto de reojo a Hugo cariñosamente mientras le guiñaba un ojo.
Saco las mallas negras y la camisa de rayas blancas y negras del cajón de abajo, y tras vestirse a toda velocidad, comenzó a maquillarse el rostro. Abrió el bote de pasta Lassar y unto un poco de este en una vieja almohadilla desgastada. Se la paso tan rápido por la cara que no pudo disfrutar del suave tacto que dejaba, sin embargo si pudo apreciar el olor a almendras. Después cogió el lápiz de carboncillo y se pinto cuidadosamente las cejas y los labios haciendo una amplia sonrisa que le recordaba a las películas que veía de pequeño, y se le venían a a la cabeza personajes como el Joker de Batman o el cuervo, ademas recordaba casi automáticamente, al pensar en películas, como se colaban por los tejado de los cines con los demás niños del circo en cada ciudad a la que iban, y las miles de broncas cuando los descubrían.
Se levanto del tocador de un brinco, cogió las llaves y salio por la puerta dando un portazo, acto seguido volvió a abrir la puerta y agarro la boina que su padre le regalo de niño y salio pitando, en parte para evitar al señor Baltabek, un viejo cascarrabias Kazajo y por otra parte, su casero y también por que si llegaba mucho mas tarde, los mejores sitios en la plaza mas turística de Old Hampton estarían cogidos. Por desgracia tanta crisis había provocado que los artistas tuvieran que volver a buscarse la vida de nuevo en las calles.
Por fin salio del portal, y a pesar de ser otoño hacia un día esplendido, cerro un poco los ojos para disfrutar del calor y respiro hondo. El aire olía a pan, a humo de coche, a papel de periódicos y al perfume de las señoras que volvían de la compra. Quizás pudiera parecer desagradable semejante mezcla de aromas, pero para el, ese era el olor de la ciudad y le encantaba. Quiso sacrificar unos segundos mas para escuchar un poco la melodía de aquel día, para saber con que nueva nota le sorprendía de nuevo la calle: Pasos de la gente, conversaciones difuminadas, risas y alguna discusión. La sirena de una ambulancia, el claxon lejano de la calle principal y un subito... "Hugo, hoy sales tarde". Era la señora Ionela una anciana rumana que estaba ya pidiendo en el cajero de al lado:
- (Sonrisa)
- Buenos dias para ti tambien Hugo- respondió Ionela- ¿No vas a llegar muy tarde hoy?
- (Mirada a la muñeca y cara de sorpresa)
Hugo dejo caer una moneda en el vaso de Ionela y salio corriendo de una manera muy cómica a propósito. Ionela no pudo evitar reírse y pensar que prácticamente ese era el mejor momento de su día, mejor incluso que cuando alguien le dejaba caer algo mas de un euro, es muy triste la vida del callejero, pero no había mas remedio y como ella solía decir "mejor pedir que robar".
Hugo corría a toda prisa y a lo lejos vio como el autobús 101, que lo dejaba en la plaza, se marchaba. Corrió pero no pudo alcanzarlo, lanzo un resoplido y miro las escaleras que ascendían justo detrás de la paradas. 360 escalones y después, dos calles hacia abajo, ese era el camino que le esperaba. "Animo campeón" se dijo a si mismo.
Salio como alma que lleva el diablo y se lanzo escaleras arriba.
10 minutos después y al borde del infarto, pudo escuchar el sonido de música. Cruzo por el arco de New Republic y contemplo la enorme plaza que se abria ante el; La plaza Pietro o como el todo el mundo la conocía, " La Plaza del virtuoso".
Era amplia y rodeada de altos edificios de estilo barroco, quizás demasiado recargados para el gusto de Hugo, pero le daban a la plaza un aire de otro tiempo que ayudaba a viajar a otro mundo cuando se disfrutaba de alguna actuación. En cierto modo le recordaba un poco a la plaza mayor de Madrid, pero esta era como 6 veces mas grande. En los laterales había tiendas de souvenirs, restaurantes y cafeterías y en el centro de la plaza unas 20 tarimas, que eran ocupadas normalmente por los músicos y artistas con licencia, que eran los únicos que recibían un sueldo por actuar. Los que no podían permitírsela , o bien esperaban a que acabaran las actuaciones o intentaban coger alguna de las 15 que eran publicas. Aquello no suponía gasto ya que a el ministerio de cultura consideraba que aquella "atracción" era motivo de orgullo para la ciudad, ademas que aquella plaza y su contexto habían sido nombradas patrimonio de la humanidad, en parte por los esfuerzos de la ministra de cultura, Indriani Silka, cuyos padres habían conseguido sacarla adelante como músicos callejeros.
Allí Hugo se sentía como en casa, había de todo: Malabaristas, músicos, contorsionistas, equilibristas, pintores y algún otro mimo como el; Prácticamente era como volver al circo. aquel día tuvo la mala suerte de que no encontrar hueco en ningún lado así que decidió hacer un poco de magia por las terrazas de los bares y restaurantes, a ver si así podría conseguir algo de dinero, ya que por desgracia, la ayuda económica que recibía no le daba suficiente para vivir y la ultima vez que pregunto a la asistente social, esta solo respondió con una risa y con un irónico comentario acerca de recortes sociales. A pesar de tener solo 23 años y haberse emancipado con 15, Hugo sabia lo jodidamente dura que podía ser la vida.
Miro un poco a su alrededor, escucho el jazz de los hermanos Santana y un poco mas para allá, Dominic se unía con su violín a una chica que hacia beatbox y a la que Hugo no conocía. Saludo a su amiga Marta, la cual estaba repartiendo bolas, bastones y mazas entre su publico para comenzar un espectáculo de malabares que consistía en mantener el equilibrio con lo que le fueran lanzando.
Se paseo durante un rato entre las mesas, sorprendiendo con trucos de cartas o con monedas y algunas otras extravagancias de ilusionismo, eso si, todo usando la mímica. Se tiro toda la mañana de mesa en mesa, a veces había suerte y le daban alguna propina, otras, al poner la mano solo se reían y se la chocaban, y el solo podía pensar "menudo cretino, se creerá que yo solo hago esto por amor al arte, necesito comer ¿sabes?". y así se marchaba sonriente y maldiciendo por dentro por haber perdido el tiempo.
Despues de pasar todo el día por allí, Hugo se percato que ya estaba siendo hora de marcharse a casa. Las farolas empezaban a encenderse y en el cielo, se dibujaba un lienzo con el morado y el naranja del atardecer, salpicado por algunas pequeñas bandadas de pájaros que volvían a sus nidos. Comenzaba ha hacer un poco de fresco, en ambiente olía a humedad y a castañas asadas, mezclado con los aromas de los asadores de la zona. Hugo volvió a cerrar los ojos para poder escuchar una nueva canción que le ofrecería la ciudad: Piar de pájaros, conversaciones difuminadas, el sonido de un violín, a lo lejos la hipnótica melodía de dos Hang drums, un niño llorando, dos ancianos hablando, y otro tosiendo, la reprimenda de una madre, y muchos, muchísimos pasos. Hugo sonrió, hacia mucho tiempo que no escuchaba una melodía, que a pesar de la cantidad de "instrumentos" desordenados que tenia, le pareció relajante, llena de vida, en otras palabras... perfecta.
Camino un poco mas por la plaza saludando a los "compañeros" que iban recogiendo mientras el se dirigía a la puerta sur para volver caminando. Aquella era la hora que mas le gustaba para pasear por las calles de Old Hampton, era cuando mas gente había, pero todos parecían mas relajados, quizás por que las jornadas de trabajo, compras o visitas se iban acabando y la ciudad entraba en un estado de estrés pausado, y el disfrutaba con esa sensación y con las luces de la ciudad y sobre todo con los escaparates de Many Rivers street.
Torció por un par de calles y en un callejón, escucho a una pareja discutiendo. El no solía ser demasiado curioso con las historias de la gente, y mucho menos con los que ni conocía, pero le pareció que el tono que el chico empleaba era... bastante agresivo, quizás demasiado, así que se hizo el disimulado y permaneció en la esquina haciendo que actuaba para seguir escuchando e intervenir si la cosa se ponía demasiado fea:
- ¡Ya me avisaron mis amigos de que eras una guarra!, ¡que a la mínima me la pegarías con otro!
- ¡De verdad que yo no quería! - dijo la chica llorando- yo pensaba que era gay que solo se comportaba así conmigo por que era mi amigo, ¡ademas yo no le bese!
- ¿Que tu no que...? no me jodas... - dijo el chico abriendo los ojos como platos y alzando los brazos.
Hugo no pudo evitar la preocupación y dejo de disimular quedándose completamente tenso, la situación le pareciera incomoda incluso a el, que nada tenia que ver con ello.
- De verdad, Simon, te juro que yo... - la pobre muchacha se ahogaba en sus propio llanto- ... yo jamas te engañaría, fue el quien me beso y nunca he...
De pronto el colapso de la calle inicio un horrible concierto de claxon que no le dejaba escuchar desde la esquina, así que impaciente por saber si aquella chica estaba bien, decidió asomarse. La sangre se le heló y un nudo en el estomago le inmovilizo las piernas. Pudo ver como el chico golpeaba la cara de la muchacha una y otra vez mientras la agarraba del cuello con la otra. Un fuerte escalofrió en todo el cuerpo le dio la suficiente valentía para lanzarse contra aquel tío que era dos veces el. Consiguió derribarlo y en la misma caída sintió como el dolor se apoderaba de su hombro al chocar contra el suelo. En el suelo, el chico se giro rápidamente muy sorprendido, pero también completamente encolerizado. Lanzo el codo contra el pecho de Hugo, que sintió como sus costillas parecían ceder contra los pulmones, quedándose prácticamente sin aire. Comenzó a toser e intento levantarse, pero el chico fue de nuevo mas rápido y se coloco sobre Hugo. Por unos instantes creyó perder el conocimiento, pero un puñetazo en la nariz lo hizo salir del trance, fue consciente de la situación, la chica parecía inconsciente en el suelo,encima suya había un gigante que le atizaba una y otra vez sin parar, se quedaba sin aire y la gente que pasaba por la calle transversal parecía importarle muy poco el sonido de los golpes en el callejón. La sensación de ahogo era interminable, la boca le sabia a hierro y ademas del dolor, en la cara noto el calor de la sangre que resbalaba desde su nariz y su ceja izquierda. Sintiéndose a punto de flaquear, metió la mano en su bolsillo buscando un bulto, lo agarro , lo abrió y lo coloco en el cuello de su atacante.
Cuando el chico sintió el frió de la navaja en su cuello las cosas cambiaron, su cara ya no mostraba ira, si no terror, alzo ambas manos y se fue levantando poco a poco, Hugo hizo lo mismo torpemente, le dolían las costillas y en la cara tenia un dolor tan terrible, que ya parecía insensible, el corazón le latía tan fuerte que parecía golpear el esternón por dentro queriendo escapar, y respirar le provocaba un ardor indescriptible. Escupió en el suelo la sangre de su boca y miro con ojos amenazadores al chico. Hugo tenia la cara desfigurada, sus ojos mostraban una ira animal, elevo el brazo como pudo y señalo al chico con la navaja y con un gesto de la mano le indico que se marchara. el chico titubeo, miro a la muchacha en el suelo aun inconsciente, la cara de aquel mimo desfigurada y cuyo maquillaje se mezclo con la sangre, convirtiendo su rostro en una espantosa mascara de manchas grises, marrones y blancas y por ultimo a la hoja que le apuntaba, fue consciente de la situación así que salio corriendo hacia el otro extremo del callejón.
Hugo se giro muy lentamente cuando y creyó que el peligro había pasado, se puso de rodillas al lado de la chica. Se sintió mas tranquilo cuando comprobó que solo tenia un pequeño corte en la ceja y aun respiraba, miro hacia la calle para pedir ayuda, pero el dolor era tan fuerte que perdió el conocimiento.
No sabia cuanto había pasado, y su recuerdos parecían haberse borrado. se escuchaban pitidos de maquinas, pasos de gente, rumores, puertas que se abrian y se cerraban, olor a alcohol quirurgico y megafonia:
- "Doctor Maxwell, acuda a ..."
- ¿Hugo?- dijo una voz masculina- ¿Hugo, esta despierto?
Hugo abrió los ojos y sintió una pinchazo en la ceja izquierda que se tradujo por una mueca de dolor:
- Señor Hugo Petrov, soy el doctor Ernesto Malaga, lleva usted aqui 4 días, ha sufrido usted un traumatismo craneal leve, y seguramente también tendrá amnesia postraumatica, ¿Dígame, es usted Hugo Petrov hijo de Igor y Claudia?
Hugo asintió
- ¿Nació usted el 16 de febrero?
Hugo volvió a asentir
- ¿Recuerda como ha llegado aquí?
Hugo se sintió confuso, intento recordar porque estaba allí, pero en su cabeza no aparecía nada y eso le puso aun mas nervioso:
- Tranquilizese Hugo, es normal, no se preocupe, los golpes de su cabeza y el traumatismo habrán desencadenado una pequeña amnesia, no tiene de que preocuparse. Se quedara en observación unos días y después le daremos el alta.
El doctor se levanto del taburete junto a la cama, pero Hugo le agarro de la bata, miro la cara del doctor y luego miro toda la habitación:
- Hugo, siento no poder darle mas información, no sabemos que ocurrió, salvo que su hermana llamo a la ambulancia y cuando llego, ella desapareció.
"¿Hermana? ¿Que hermana?" Era muy consciente de su amnesia, pero si tuviera una hermana lo sabría, le dio vueltas a la cabeza y acabo tan cansado que se quedo dormido.
Dos días mas tardes Hugo salia del hospital pensando únicamente en lo de su hermana, sobre todo después de haberse informado que el no tenia hermanas.
Pasaron unas semanas, Hugo iba en el autobús 101 hacia la Plaza del Virtuoso, miraba por la ventana mientras que un par de niños pequeños lo miraban a el. Hugo se dio cuenta, se giro hacia ellos y les sonrió, los niños le devolvieron la sonrisa. El se acerco, puso las manos junto a la oreja de cada niño y tras ambos chasquidos de dedos, "les saco un caramelo a cada uno de las orejas" la madre aumento el teatrillo diciendo:
-¡Andaaa! ¿que se dice niños?
- "Gasias"- dijeron ambos a coro
Eran pequeños detalles, pero el disfrutaba con la ilusión de la gente, con las sonrisas, con los momentos...
Aquel día tampoco tuvo suerte consiguiendo sitio, así que decidió darse una vuelta y ver un poco el ambiente. Camino y vio a los Hermanos Santana y a Jacques el pintor, saludo a dos o tres artistas mas y de repente una mano le toco el hombro. Se giro rápido como por instinto, y detrás suya había una chica, de pelo largo y castaño, con ojos marrones y muy delgada, en su cara una sonrisa de oreja a oreja. No sabia quien era aquella chica, no le recordaba a nadie conocido, el caso es que la chica le pidió que se acercara a ella y cuando su cuello estuvo a la altura de su boca, la chica susurro:
- Gracias.
Hugo parpadeo un par de veces, se quedo atónito, confuso... demasiado tiempo quizás, porque la chica se giro aun con la sonrisa en su cara y camino alejándose lentamente de el.
La cabeza de Hugo comenzó a trabajar a toda velocidad y de pronto... un montón de imágenes se sucedieron en su cabeza: Unos gritos, unos golpes, el brillo de una navaja, el ruido de la sirena de una ambulancia, una mano fría y suave que sujetaba la suya, la suavidad de unas sabanas de hospital, un voz femenina que se disculpaba una y otra vez, y la misma mano que se agarraba a la suya...
Hugo abrió los ojos como platos y salio corriendo detrás de ella, coloco su mano en el hombro y la giro. Miro sus ojos y sin mas, agarro la mano de esa chica. Sintió la mano, fría, suave y a la vez sensación de calidez, miro de nuevo a la chica y esta sonreía mientras que por su mejilla resbalaba una pequeña lagrima:
- ¿Ya me recuerdas? - dijo feliz
Hugo asintió
- De verdad que siento lo que te ocurrió, yo...
Hugo hizo un ruido con la boca que sono un siseo, sonrió y metió la mano en el bolsillo de la camisa. De el saco un pañuelo blanco de seda y cuidadosamente seco las lagrima de la muchacha mientras la miraba fijamente a los ojos. Movió el pañuelo por el aire y de repente desapareció. La cara de la muchacha era una mezcla de incredulidad y felicidad. Hugo miro al cielo e hizo como si de el cayera el pañuelo, lo "agarro" con las manos cuidadosamente por las supuestas esquinas contrarias y lo enrollo sobre si mismo varias veces, junto las esquinas desde los dedos y conforme volvía a separarlas apareció entre sus manos un capullo de rosa blanca, se puso de rodillas y se lo ofreció. Ella sonrió de nuevo y aplaudió.
Hugo se levanto de nuevo y comenzó a agitar las manos mientras movía los labios y ella puso cara de extrañeza, en ese momento Hugo paro y miro a su alrededor, pego un silbido metiéndose los dedos en la boca y le hizo gestos uno de los artistas de la plaza, este se acerco y comenzaron a comunicarse con las manos:
-Hola, soy Marcus, Hugo me pide que le traduzca- dijo mirando a la chica- Dice que lamenta no poder hablarte, que tiene una voz que sin dudas te gustaría, pero que es mudo.
La chica miro a Hugo y este le devolvió el gesto poniendo cara de pena.
-Dice que no quiere que vuelvas a llorar o se quedaran sin flores en mas de un jardín.
Ella le miro y con los ojos húmedos soltó una leve carcajada ahogada.
-Dice que solo espera que estés bien y te da las gracias, porque sin tu ayuda el habría acabado aun peor en el callejón si lo hubieras abandonado, así que para agradecértelo le gustaría... ¿espera tio y como vas a hablar con ella? - Dijo mirando a Hugo, este saco una libreta del bolsillo del pantalon y le dio un par de toques con la otra mano - Vale, le gustaría invitarte a tomar algo.
- ¡Jajaja!, me encantaría -respondió ella sonriente.
Hugo le hizo mas movimientos a Markus y giro la cabeza poniendo cara de cachorrillo...
- Esta bien tío, pero que sepas que tienes muchísima cara.
Markus saco un par de billetes del bolsillo y se los dio a Hugo que respondió con un movimiento de manos.
- Si, Si... mas te vale...
Poco a poco Hugo y la muchacha se fueron alejando de la plaza, quizás fuera el inicio de una amistad o de cualquier otra cosa. lo que quedo suficientemente claro es que a aquel mimo, el corazon le latio de una manera especial aquella noche.
Se levantaba a las 9 de la mañana, se encendía un pitillo y después de rascarse la cabeza, encaminaba sus pasos al espejo del baño - Única habitación aparte de toda la estancia, pues la pequeña buhardilla no permitía mucho mas- colocaba el pitillo en el lavamanos y se miraba en el espejo.
"Hay estoy yo, otra vez" pensaba cada día mientras miraba el rostro enjuto que lo observaba desde el otro lado del cristal. Se lavaba la cara y recogía de nuevo el pitillo, el cual había cogido el sabor del jabón repegado del lavabo. Iba a su pequeño hornillo y miraba dentro de la cafetera si quedaba algo de café, "Genial, otro día sin desayunar"-Pensó al ver la cafetera vacía de nuevo- "tengo que dejar de ser tan vago y ocuparme un poco mas de todo esto".
La buhardilla de Hugo estaba completamente desordenada: En el sofá había manchas de cualquier cosa y quemaduras de cigarro, en la mesita que había en frente, unas latas vacías de cerveza, dos o tres vasos con resto de café y un cenicero con miles de chustas de canuto y colillas. Miro a su alrededor y vio muchísima ropa por lavar y planchar, miro su reloj y comprendió que el tiempo se le echaba encima, así que decidió dejarlo todo para luego y comenzar a prepararse.
De un salto se coloco frente al viejo tocador de su madre, toco el interruptor y se encendieron tres de las diez bombillas que había puestas en torno al espejo, el pobre había pasado tiempos mejores, pero desde que Claudia e Igor murieron, paso por las manos de unas 100 personas en aquel circo, y cada una de las marcas de aquel tocador contaba una historia diferente: Quemaduras de puro de Sebastien el domador, una mancha amarillenta de café de Louis el trapecista, rayones de colores de las pinturas de Pumchi y Xuxo los payasos, hasta el fallido intento de restauración de la señorita Lana, la adiestradora de palomas que solo lo había dejado a medio acabar. Siempre quiso llevárselo del circo hasta que al fin un día consiguió recuperarlo y llevárselo consigo pues a pesar de su estado, le traia muy buenos recuerdos de su madre, como cuando miraba como se maquillaba antes de salir y ella le devolvía el gesto de reojo a Hugo cariñosamente mientras le guiñaba un ojo.
Saco las mallas negras y la camisa de rayas blancas y negras del cajón de abajo, y tras vestirse a toda velocidad, comenzó a maquillarse el rostro. Abrió el bote de pasta Lassar y unto un poco de este en una vieja almohadilla desgastada. Se la paso tan rápido por la cara que no pudo disfrutar del suave tacto que dejaba, sin embargo si pudo apreciar el olor a almendras. Después cogió el lápiz de carboncillo y se pinto cuidadosamente las cejas y los labios haciendo una amplia sonrisa que le recordaba a las películas que veía de pequeño, y se le venían a a la cabeza personajes como el Joker de Batman o el cuervo, ademas recordaba casi automáticamente, al pensar en películas, como se colaban por los tejado de los cines con los demás niños del circo en cada ciudad a la que iban, y las miles de broncas cuando los descubrían.
Se levanto del tocador de un brinco, cogió las llaves y salio por la puerta dando un portazo, acto seguido volvió a abrir la puerta y agarro la boina que su padre le regalo de niño y salio pitando, en parte para evitar al señor Baltabek, un viejo cascarrabias Kazajo y por otra parte, su casero y también por que si llegaba mucho mas tarde, los mejores sitios en la plaza mas turística de Old Hampton estarían cogidos. Por desgracia tanta crisis había provocado que los artistas tuvieran que volver a buscarse la vida de nuevo en las calles.
Por fin salio del portal, y a pesar de ser otoño hacia un día esplendido, cerro un poco los ojos para disfrutar del calor y respiro hondo. El aire olía a pan, a humo de coche, a papel de periódicos y al perfume de las señoras que volvían de la compra. Quizás pudiera parecer desagradable semejante mezcla de aromas, pero para el, ese era el olor de la ciudad y le encantaba. Quiso sacrificar unos segundos mas para escuchar un poco la melodía de aquel día, para saber con que nueva nota le sorprendía de nuevo la calle: Pasos de la gente, conversaciones difuminadas, risas y alguna discusión. La sirena de una ambulancia, el claxon lejano de la calle principal y un subito... "Hugo, hoy sales tarde". Era la señora Ionela una anciana rumana que estaba ya pidiendo en el cajero de al lado:
- (Sonrisa)
- Buenos dias para ti tambien Hugo- respondió Ionela- ¿No vas a llegar muy tarde hoy?
- (Mirada a la muñeca y cara de sorpresa)
Hugo dejo caer una moneda en el vaso de Ionela y salio corriendo de una manera muy cómica a propósito. Ionela no pudo evitar reírse y pensar que prácticamente ese era el mejor momento de su día, mejor incluso que cuando alguien le dejaba caer algo mas de un euro, es muy triste la vida del callejero, pero no había mas remedio y como ella solía decir "mejor pedir que robar".
Hugo corría a toda prisa y a lo lejos vio como el autobús 101, que lo dejaba en la plaza, se marchaba. Corrió pero no pudo alcanzarlo, lanzo un resoplido y miro las escaleras que ascendían justo detrás de la paradas. 360 escalones y después, dos calles hacia abajo, ese era el camino que le esperaba. "Animo campeón" se dijo a si mismo.
Salio como alma que lleva el diablo y se lanzo escaleras arriba.
10 minutos después y al borde del infarto, pudo escuchar el sonido de música. Cruzo por el arco de New Republic y contemplo la enorme plaza que se abria ante el; La plaza Pietro o como el todo el mundo la conocía, " La Plaza del virtuoso".
Era amplia y rodeada de altos edificios de estilo barroco, quizás demasiado recargados para el gusto de Hugo, pero le daban a la plaza un aire de otro tiempo que ayudaba a viajar a otro mundo cuando se disfrutaba de alguna actuación. En cierto modo le recordaba un poco a la plaza mayor de Madrid, pero esta era como 6 veces mas grande. En los laterales había tiendas de souvenirs, restaurantes y cafeterías y en el centro de la plaza unas 20 tarimas, que eran ocupadas normalmente por los músicos y artistas con licencia, que eran los únicos que recibían un sueldo por actuar. Los que no podían permitírsela , o bien esperaban a que acabaran las actuaciones o intentaban coger alguna de las 15 que eran publicas. Aquello no suponía gasto ya que a el ministerio de cultura consideraba que aquella "atracción" era motivo de orgullo para la ciudad, ademas que aquella plaza y su contexto habían sido nombradas patrimonio de la humanidad, en parte por los esfuerzos de la ministra de cultura, Indriani Silka, cuyos padres habían conseguido sacarla adelante como músicos callejeros.
Allí Hugo se sentía como en casa, había de todo: Malabaristas, músicos, contorsionistas, equilibristas, pintores y algún otro mimo como el; Prácticamente era como volver al circo. aquel día tuvo la mala suerte de que no encontrar hueco en ningún lado así que decidió hacer un poco de magia por las terrazas de los bares y restaurantes, a ver si así podría conseguir algo de dinero, ya que por desgracia, la ayuda económica que recibía no le daba suficiente para vivir y la ultima vez que pregunto a la asistente social, esta solo respondió con una risa y con un irónico comentario acerca de recortes sociales. A pesar de tener solo 23 años y haberse emancipado con 15, Hugo sabia lo jodidamente dura que podía ser la vida.
Miro un poco a su alrededor, escucho el jazz de los hermanos Santana y un poco mas para allá, Dominic se unía con su violín a una chica que hacia beatbox y a la que Hugo no conocía. Saludo a su amiga Marta, la cual estaba repartiendo bolas, bastones y mazas entre su publico para comenzar un espectáculo de malabares que consistía en mantener el equilibrio con lo que le fueran lanzando.
Se paseo durante un rato entre las mesas, sorprendiendo con trucos de cartas o con monedas y algunas otras extravagancias de ilusionismo, eso si, todo usando la mímica. Se tiro toda la mañana de mesa en mesa, a veces había suerte y le daban alguna propina, otras, al poner la mano solo se reían y se la chocaban, y el solo podía pensar "menudo cretino, se creerá que yo solo hago esto por amor al arte, necesito comer ¿sabes?". y así se marchaba sonriente y maldiciendo por dentro por haber perdido el tiempo.
Despues de pasar todo el día por allí, Hugo se percato que ya estaba siendo hora de marcharse a casa. Las farolas empezaban a encenderse y en el cielo, se dibujaba un lienzo con el morado y el naranja del atardecer, salpicado por algunas pequeñas bandadas de pájaros que volvían a sus nidos. Comenzaba ha hacer un poco de fresco, en ambiente olía a humedad y a castañas asadas, mezclado con los aromas de los asadores de la zona. Hugo volvió a cerrar los ojos para poder escuchar una nueva canción que le ofrecería la ciudad: Piar de pájaros, conversaciones difuminadas, el sonido de un violín, a lo lejos la hipnótica melodía de dos Hang drums, un niño llorando, dos ancianos hablando, y otro tosiendo, la reprimenda de una madre, y muchos, muchísimos pasos. Hugo sonrió, hacia mucho tiempo que no escuchaba una melodía, que a pesar de la cantidad de "instrumentos" desordenados que tenia, le pareció relajante, llena de vida, en otras palabras... perfecta.
Camino un poco mas por la plaza saludando a los "compañeros" que iban recogiendo mientras el se dirigía a la puerta sur para volver caminando. Aquella era la hora que mas le gustaba para pasear por las calles de Old Hampton, era cuando mas gente había, pero todos parecían mas relajados, quizás por que las jornadas de trabajo, compras o visitas se iban acabando y la ciudad entraba en un estado de estrés pausado, y el disfrutaba con esa sensación y con las luces de la ciudad y sobre todo con los escaparates de Many Rivers street.
Torció por un par de calles y en un callejón, escucho a una pareja discutiendo. El no solía ser demasiado curioso con las historias de la gente, y mucho menos con los que ni conocía, pero le pareció que el tono que el chico empleaba era... bastante agresivo, quizás demasiado, así que se hizo el disimulado y permaneció en la esquina haciendo que actuaba para seguir escuchando e intervenir si la cosa se ponía demasiado fea:
- ¡Ya me avisaron mis amigos de que eras una guarra!, ¡que a la mínima me la pegarías con otro!
- ¡De verdad que yo no quería! - dijo la chica llorando- yo pensaba que era gay que solo se comportaba así conmigo por que era mi amigo, ¡ademas yo no le bese!
- ¿Que tu no que...? no me jodas... - dijo el chico abriendo los ojos como platos y alzando los brazos.
Hugo no pudo evitar la preocupación y dejo de disimular quedándose completamente tenso, la situación le pareciera incomoda incluso a el, que nada tenia que ver con ello.
- De verdad, Simon, te juro que yo... - la pobre muchacha se ahogaba en sus propio llanto- ... yo jamas te engañaría, fue el quien me beso y nunca he...
De pronto el colapso de la calle inicio un horrible concierto de claxon que no le dejaba escuchar desde la esquina, así que impaciente por saber si aquella chica estaba bien, decidió asomarse. La sangre se le heló y un nudo en el estomago le inmovilizo las piernas. Pudo ver como el chico golpeaba la cara de la muchacha una y otra vez mientras la agarraba del cuello con la otra. Un fuerte escalofrió en todo el cuerpo le dio la suficiente valentía para lanzarse contra aquel tío que era dos veces el. Consiguió derribarlo y en la misma caída sintió como el dolor se apoderaba de su hombro al chocar contra el suelo. En el suelo, el chico se giro rápidamente muy sorprendido, pero también completamente encolerizado. Lanzo el codo contra el pecho de Hugo, que sintió como sus costillas parecían ceder contra los pulmones, quedándose prácticamente sin aire. Comenzó a toser e intento levantarse, pero el chico fue de nuevo mas rápido y se coloco sobre Hugo. Por unos instantes creyó perder el conocimiento, pero un puñetazo en la nariz lo hizo salir del trance, fue consciente de la situación, la chica parecía inconsciente en el suelo,encima suya había un gigante que le atizaba una y otra vez sin parar, se quedaba sin aire y la gente que pasaba por la calle transversal parecía importarle muy poco el sonido de los golpes en el callejón. La sensación de ahogo era interminable, la boca le sabia a hierro y ademas del dolor, en la cara noto el calor de la sangre que resbalaba desde su nariz y su ceja izquierda. Sintiéndose a punto de flaquear, metió la mano en su bolsillo buscando un bulto, lo agarro , lo abrió y lo coloco en el cuello de su atacante.
Cuando el chico sintió el frió de la navaja en su cuello las cosas cambiaron, su cara ya no mostraba ira, si no terror, alzo ambas manos y se fue levantando poco a poco, Hugo hizo lo mismo torpemente, le dolían las costillas y en la cara tenia un dolor tan terrible, que ya parecía insensible, el corazón le latía tan fuerte que parecía golpear el esternón por dentro queriendo escapar, y respirar le provocaba un ardor indescriptible. Escupió en el suelo la sangre de su boca y miro con ojos amenazadores al chico. Hugo tenia la cara desfigurada, sus ojos mostraban una ira animal, elevo el brazo como pudo y señalo al chico con la navaja y con un gesto de la mano le indico que se marchara. el chico titubeo, miro a la muchacha en el suelo aun inconsciente, la cara de aquel mimo desfigurada y cuyo maquillaje se mezclo con la sangre, convirtiendo su rostro en una espantosa mascara de manchas grises, marrones y blancas y por ultimo a la hoja que le apuntaba, fue consciente de la situación así que salio corriendo hacia el otro extremo del callejón.
Hugo se giro muy lentamente cuando y creyó que el peligro había pasado, se puso de rodillas al lado de la chica. Se sintió mas tranquilo cuando comprobó que solo tenia un pequeño corte en la ceja y aun respiraba, miro hacia la calle para pedir ayuda, pero el dolor era tan fuerte que perdió el conocimiento.
No sabia cuanto había pasado, y su recuerdos parecían haberse borrado. se escuchaban pitidos de maquinas, pasos de gente, rumores, puertas que se abrian y se cerraban, olor a alcohol quirurgico y megafonia:
- "Doctor Maxwell, acuda a ..."
- ¿Hugo?- dijo una voz masculina- ¿Hugo, esta despierto?
Hugo abrió los ojos y sintió una pinchazo en la ceja izquierda que se tradujo por una mueca de dolor:
- Señor Hugo Petrov, soy el doctor Ernesto Malaga, lleva usted aqui 4 días, ha sufrido usted un traumatismo craneal leve, y seguramente también tendrá amnesia postraumatica, ¿Dígame, es usted Hugo Petrov hijo de Igor y Claudia?
Hugo asintió
- ¿Nació usted el 16 de febrero?
Hugo volvió a asentir
- ¿Recuerda como ha llegado aquí?
Hugo se sintió confuso, intento recordar porque estaba allí, pero en su cabeza no aparecía nada y eso le puso aun mas nervioso:
- Tranquilizese Hugo, es normal, no se preocupe, los golpes de su cabeza y el traumatismo habrán desencadenado una pequeña amnesia, no tiene de que preocuparse. Se quedara en observación unos días y después le daremos el alta.
El doctor se levanto del taburete junto a la cama, pero Hugo le agarro de la bata, miro la cara del doctor y luego miro toda la habitación:
- Hugo, siento no poder darle mas información, no sabemos que ocurrió, salvo que su hermana llamo a la ambulancia y cuando llego, ella desapareció.
"¿Hermana? ¿Que hermana?" Era muy consciente de su amnesia, pero si tuviera una hermana lo sabría, le dio vueltas a la cabeza y acabo tan cansado que se quedo dormido.
Dos días mas tardes Hugo salia del hospital pensando únicamente en lo de su hermana, sobre todo después de haberse informado que el no tenia hermanas.
Pasaron unas semanas, Hugo iba en el autobús 101 hacia la Plaza del Virtuoso, miraba por la ventana mientras que un par de niños pequeños lo miraban a el. Hugo se dio cuenta, se giro hacia ellos y les sonrió, los niños le devolvieron la sonrisa. El se acerco, puso las manos junto a la oreja de cada niño y tras ambos chasquidos de dedos, "les saco un caramelo a cada uno de las orejas" la madre aumento el teatrillo diciendo:
-¡Andaaa! ¿que se dice niños?
- "Gasias"- dijeron ambos a coro
Eran pequeños detalles, pero el disfrutaba con la ilusión de la gente, con las sonrisas, con los momentos...
Aquel día tampoco tuvo suerte consiguiendo sitio, así que decidió darse una vuelta y ver un poco el ambiente. Camino y vio a los Hermanos Santana y a Jacques el pintor, saludo a dos o tres artistas mas y de repente una mano le toco el hombro. Se giro rápido como por instinto, y detrás suya había una chica, de pelo largo y castaño, con ojos marrones y muy delgada, en su cara una sonrisa de oreja a oreja. No sabia quien era aquella chica, no le recordaba a nadie conocido, el caso es que la chica le pidió que se acercara a ella y cuando su cuello estuvo a la altura de su boca, la chica susurro:
- Gracias.
Hugo parpadeo un par de veces, se quedo atónito, confuso... demasiado tiempo quizás, porque la chica se giro aun con la sonrisa en su cara y camino alejándose lentamente de el.
La cabeza de Hugo comenzó a trabajar a toda velocidad y de pronto... un montón de imágenes se sucedieron en su cabeza: Unos gritos, unos golpes, el brillo de una navaja, el ruido de la sirena de una ambulancia, una mano fría y suave que sujetaba la suya, la suavidad de unas sabanas de hospital, un voz femenina que se disculpaba una y otra vez, y la misma mano que se agarraba a la suya...
Hugo abrió los ojos como platos y salio corriendo detrás de ella, coloco su mano en el hombro y la giro. Miro sus ojos y sin mas, agarro la mano de esa chica. Sintió la mano, fría, suave y a la vez sensación de calidez, miro de nuevo a la chica y esta sonreía mientras que por su mejilla resbalaba una pequeña lagrima:
- ¿Ya me recuerdas? - dijo feliz
Hugo asintió
- De verdad que siento lo que te ocurrió, yo...
Hugo hizo un ruido con la boca que sono un siseo, sonrió y metió la mano en el bolsillo de la camisa. De el saco un pañuelo blanco de seda y cuidadosamente seco las lagrima de la muchacha mientras la miraba fijamente a los ojos. Movió el pañuelo por el aire y de repente desapareció. La cara de la muchacha era una mezcla de incredulidad y felicidad. Hugo miro al cielo e hizo como si de el cayera el pañuelo, lo "agarro" con las manos cuidadosamente por las supuestas esquinas contrarias y lo enrollo sobre si mismo varias veces, junto las esquinas desde los dedos y conforme volvía a separarlas apareció entre sus manos un capullo de rosa blanca, se puso de rodillas y se lo ofreció. Ella sonrió de nuevo y aplaudió.
Hugo se levanto de nuevo y comenzó a agitar las manos mientras movía los labios y ella puso cara de extrañeza, en ese momento Hugo paro y miro a su alrededor, pego un silbido metiéndose los dedos en la boca y le hizo gestos uno de los artistas de la plaza, este se acerco y comenzaron a comunicarse con las manos:
-Hola, soy Marcus, Hugo me pide que le traduzca- dijo mirando a la chica- Dice que lamenta no poder hablarte, que tiene una voz que sin dudas te gustaría, pero que es mudo.
La chica miro a Hugo y este le devolvió el gesto poniendo cara de pena.
-Dice que no quiere que vuelvas a llorar o se quedaran sin flores en mas de un jardín.
Ella le miro y con los ojos húmedos soltó una leve carcajada ahogada.
-Dice que solo espera que estés bien y te da las gracias, porque sin tu ayuda el habría acabado aun peor en el callejón si lo hubieras abandonado, así que para agradecértelo le gustaría... ¿espera tio y como vas a hablar con ella? - Dijo mirando a Hugo, este saco una libreta del bolsillo del pantalon y le dio un par de toques con la otra mano - Vale, le gustaría invitarte a tomar algo.
- ¡Jajaja!, me encantaría -respondió ella sonriente.
Hugo le hizo mas movimientos a Markus y giro la cabeza poniendo cara de cachorrillo...
- Esta bien tío, pero que sepas que tienes muchísima cara.
Markus saco un par de billetes del bolsillo y se los dio a Hugo que respondió con un movimiento de manos.
- Si, Si... mas te vale...
Poco a poco Hugo y la muchacha se fueron alejando de la plaza, quizás fuera el inicio de una amistad o de cualquier otra cosa. lo que quedo suficientemente claro es que a aquel mimo, el corazon le latio de una manera especial aquella noche.
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