Solo los que conocemos el insomnio, podemos hablar de los placeres que oculta la noche, y de todos los placeres, la sutileza de algunos solo es disfrutada por los que pueden sufrir en sus carnes la agonía de los mismo sin que les deje cicatriz.
Ella disfrutaba de los placeres que le brindaba el insomnio, y su favorito era la soledad. Se pasaba las noches escribiendo en un cuaderno encuentros fortuitos entre jóvenes amantes, e incluso se permitía fantasear con ser algún día la protagonista de alguna de sus historias, hasta que el cansancio y la mala consciencia de ver sola cada amanecer, la vencían al sueño.
Era cierto que podía ser considerada una chica guapa e incluso bastante llamativa, a pesar de considerarse a si misma del montón. Tenia evidentes rarezas (siempre de negro, con su pelo rubio con mechones azules y un largo flequillo para esconder sus ojos verdes de las miradas indiscretas) que no hacían mas que llamar la atención sobre ella, pero siempre intentaba por todos los medios pasar desapercibida.
Conoció al que creía su alma gemela hacia un año, se llamaba Raul, era otro rebelde como ella, oponiéndose al canon establecido y viviendo la vida en paralelo con la creatividad. Se dedicaba a la música, o eso le dijo a ella, pues se conocieron por un chat y nunca llegaron a verse.
Todo era realmente maravilloso e incluso llego a plantearse la palabra amor, palabra que por otra parte le parecía repugnate y conformista, pero todo se torció, como siempre se torcían las cosas en la vida, pues Raul al final era Frank, padre de dos hijas y un cerdo en toda regla que solo quería de ella fotos ligeras con las que poder... mejor no mencionarlo...
Lo descubrió por error cuando la webcam de "Raul" se encendió accidentalmente y la respuesta a la pregunta ¿estas con tu padre mirándome? era respondida por un cuarentón baboso con un "no, sabes que ellos se van a dormir pronto"
No sabia si lo que sentía era asco, miedo o rabia, lo que estaba claro es que la habían usado. Pensó en las cosas que hablaron, en los secretos que le había confiado, y en que había sido al primero al que le había confiado su cuerpo, aunque solo fuera de manera virtual.
En la penumbra de su habitación, ya no sonaba el desgarrado murmullo del boligrafo, si no la respiración entrecortada de un llanto ahogado. Bajo las sabanas de su cama se escondía deseando que todo aquello fuera un error y que el arrepentimiento del mismo llegara en forma de mensaje, pero no contó con que los cerdos no tienen sentimientos y que la realidad es siempre mas cruel cuanto mas se desea que no sea cierta.
Tan solo tenia 20 años, pero ya cree saber del mundo suficiente para querer salir de el.
Abandono la casa silenciosamente a pesar de que en ella no había nadie pues su padrino y ahora tutor, aun no había salido de trabajar, y errante camino por las solitarias calles de Old hampton. Se paro en un par de bancos intentando meditar lo que ya había decidido, sin sus padres, sin amigos se sentía demasiado sola en la vida, hasta el punto de que su pequeño placer le acaba de hacer la peor de las cicatrices.
Ya lo tenia decidido, y puso camino hacia el puente de Half Mile.
Angel caminaba de vuelta a su casa, había pasado la noche en el Cole´s Site escuchando un concierto de jazz. En sus bolsillos no quedaban monedas para un taxi y la noche estaba lo suficiente despejada para que el cuerpo le pidiera volver a casa dando un rodeo.
Paseaba escuchando el silencio de las calles que solo era desgarrado por algún coche.
Cuando llego a la altura del Half Mile vio a una chica sentada en el borde del puente, frunció el entrecejo y acelero un poco el paso sospechando que lo que estaba a punto de pasar no acabaría muy bien.
La chica parecía estar llorando y miraba al cielo una y otra vez, se seco la cara con las mangas y se puso de pie.
A Ángel le dio un vuelco el corazón; Si gritaba, el susto podría hacerla caer pero si no hacia nada, aquella chica intentaría algo de lo que nunca podría arrepentirse jamas, pues acabaría muerta, así que tiro el cigarrillo a medias y la carpeta que siempre le acompañaba y salio corriendo.
completamente desconsolada, la chica lo tenia decidido, al menos de aquella manera quizás se encontraría con sus padres y ya nada malo le volvería a pasar, pero el suicido nunca es bueno, ni siquiera como ultima opción, pues es solo para los cobardes, pero a ella eso no le importaba.
Respiro hondo y sintió su corazón latir con fuerza, le temblaban las piernas - ¿y si no debiera hacerlo? ¿y si...?- dio un paso mas corto hacia el borde y cuando las dudas se silenciaron para dejarse caer, unas manos la agarraron con fuerza por la tripa, tirando de ella hacia la calle y derribandola contra el suelo, a ella y al dueño de esas manos.
Cuando Angel la vio tendida, una completa desazón le inundo el alma. Aquella chica no era ninguna desconocida e intento buscar las palabras con las que reprender a la temeraria muchacha, pero antes de que pudiera articular palabra, ella se lanzo sobre Angel y lo abrazo con fuerza mientras se deshacia en lagrimas...
- Tranquila Anna, ya se acabo, no te preocupes...
Anna se sentía estúpida y absurda, como una niña que no sabe tomar las correctas decisiones, realmente como lo que era.
Angel saco el móvil del bolsillo y marco...
- ¿Que pasa? ¿vas tan borracho que no recuerdas donde vives?
- Cole, ven a mi casa a toda ostia, tengo una mala noticia. Anna a intentado tirarse del Half Mile.
Este relato va dedicado a todas esas personitas que intentan jugar a ser mayores, a todos aquellos que toman decisiones de adultos y cuyas consecuencias adoptan como niños. Va para todas aquellas personas que creen saber como es el mundo y a los que el mundo termina devorando. No estáis solos, y aunque os equivoquéis siempre habrá unas manos que intenten sacaros de las peores
de las situaciones.
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