martes, 20 de febrero de 2018

Cuando las puertas del cielo se cierran.



Estoy solo, sentado en un parque, dejando que el tiempo se me escape entre los dedos como arena de la playa.

Hay niños que juegan, gritos de nervios y risas, parejas de ancianos sentados sin mirarse en el mismo banco y parejas de jóvenes que se besan sin dejarse casi aire que respirar.

¿Como es posible que el tiempo pueda ser tan cruel?

Hay vida por todos lados, pero yo no la veo, yo... yo no la siento.

A veces me quedo horas mirando cualquier paisaje, esperando algún tipo de señal de que todo ira bien. Un pájaro que canta, un rayo de luz que se cuela entre las nubes, una ráfaga de aire que haga cantar las hojas de los arboles... algo.

Espero una señal que me diga que esto no es lo que tenia que pasar y que todo ira bien.

Me quedo navegando por la fantasía de verla sonriendo por mi una ultima vez, solo una mas... con el guion imposible de un día verla en la puerta de casa, con el pelo empapado en la lluvia y los ojos inundados en lagrimas de sus hermosos lagos verdes, su carita blanca como una luna timida que asoma de su pelo y sus labios finos y apretados; Suplicante sin decir palabra, impaciente sin hacer ningún gesto, como en esas películas clásicas en blanco negro que me enseño a amar, en la que al final se unen en un beso sin mas dialogo que hace pensar que tras el fundido en negro todo sera maravilloso.

En mi película en blanco y negro me veo sentado en este parque, con una canción triste de piano y aterrado porque el fundido negro no debore lo poco que queda de mi.

"Aun quedan esperanzas" me dice mi consciencia, tumbada en el suelo, magullada y sangrante.

¿Que hago con ella? ¿La remato para que deje de sufrir? ¿Dejo que me arrastre a un imposible?

Tantos sueños y esperanzas, tantas promesas que se van como una flor de ceniza que se desace al mirarla, tantas cartas con "te amo" que aun hoy descubro por los rincones...

Duele, duele mucho. Pensar en lo cerca que estuvimos de conseguir aquello que prometíamos y habernos quedado a las puertas del cielo, con el puño levantado para tocar la puerta...

Ahora se me niega la entrada en el cielo y acaricio el asiento del banco en el que estoy y en que ella debería estar, junto a mi.

Pero las puertas del cielo se han cerrado.

Se que no es lo mejor que podía escribirte, pero cuando el corazón se desgaja y el alma se quiebra, las palabras no siempre salen con la fuerza que tienen.

Ya no me queda nada, salvo tu recuerdo y una sonrisa triste.