domingo, 16 de junio de 2013

la hija de la muerte.

Lmúsica de fondo la despertó y mientras que se percataba del sonido de un gota a gota que empezaba a taladrar sus oídos, entreabrió los ojos y las lágrimas que los lubricaban no la dejaban reconocer lugar en el que se encontraba, se froto la cara y pudo ver entonces el paisaje desconocido que la rodeaba, paredes de piedra enmohecida y luces inertes de fluorescente, un fuerte olor a humedad, a polvo y a madera húmeda que se impregnaron en su nariz como el barniz a la madera, se percató de que el goteo procedía del grifo oxidado que se encontraba junto a un viejo y mugriento váter, el cual posiblemente no habia sido limpiado en muchísimo tiempo, y a unos poco metros de aquello una verja de barrotes viejos, arañados y golpeados.

Se incorporó del sucio camastro en el que había estado durmidero quien sabe el tiempo, no recordaba como había llegado allí, ni porque estaba ella en una celda, aunque lo mas extraño era que la puerta de la celda estuviera abierta. Se levantó y se dirigió hacia el espejo medio roto que había sobre el grifo, se apartó el pelo negro con sus finas manos y vio ante si su rostro, sus labios eran gruesos, pero parecían agrietados por no sabía que motivo, los humedeció un poco con saliva y noto un fuerte sabor a sal, de la piel de su cara se desprendían pequeñas partículas de piel seca, posiblemente por un exceso de sol, se froto la cara y tras abrir el grifo, se la lavo, ahora pudo ver su tez con su normal tono entre el marfil y el miel, y sus ojos parecían de un color gris brillante, más brillante de lo habitual, como del color del reflejo de la luna sobre la plata, y lo único que no debía de estar en ese cuadro eran los 3 puntos de sutura que unían su ceja, acerco su dedo y al tocarlo sintió un fuerte pinchazo en la frente mientras de su boca se escapa un silbido de dolor como el que la víbora cuando intenta huir.

Miro su cuerpo y se percató que no llevaba la ropa que recordaba haber llevado, entonces un escalofrió le surgió desde el estómago... empezó a palpar la superficie del camisón, los bolsillos, su cuerpo… pero nada, allí no encontraba ni rastro del viejo medallón que le acompañaba desde niña y eso sí que le producía terror, más que el encontrarse en un sitio desconocido como aquel o las voces masculinas que empezaban a confundirse entre los ruidos de aquel lugar.

Corinna salió tímida, con una sensación entre el terror y la desconfianza, pero con una pizca de curiosidad. Agarro la fría manilla de acero y la giro lentamente, abrió con suavidad la puerta de madera, lo justo para poder ver lo que habia en la siguiente habitación. Ante ella pudo encontrar a dos hombres uniformados discutiendo sobre qué hacer con cierta chica mientras uno de ellos apagaba el aparato del que salia la música:

-te digo que deberíamos esperar a que despertara- dijo el más mayor de los dos, tenía la cara cubierta de arrugas, pero no arrugas de vejez, si no arrugas de experiencia, el pelo era negro con algunas canas mal disimuladas por alguna especie de tinte barato, tenía una enorme bigote negro, hablaba con un cigarrillo en la boca, mientras su compañero, un hombre fornido y pelirrojo, con la cara llena de pecas ,los ojos de un precioso color verde y un pequeño tic en el izquierdo, no paraba de moverse de la silla a la mesa, y luego a la ventana y volvía, mientras se frotaba las manos nervioso le respondió:

-Simón, al menos deberíamos avisar al hospital, ya vistes el golpe que tenía en la frente...

En ese momento, Corinna descubrió el motivo de la sutura
-Nada, nada, espera a que despierte, es solo un porrazo, y seguro que está agotada de nadar… solo Dios sabrá el tiempo que llevaría en el mar... pobre criatura.- dijo tiernamente mientras se encendía el cigarrillo- además, que diríamos: "Buenas noches, habla intendencia de la guardia portuaria, hemos encontrado una posible inmigrante sin papeles, vengan rápido a por ella porque mi compañero es una niña asustadiza"- dijo burlón mientras Robert le clavaba la mirada...

- No es cuestión de miedo, pero entenderás que ese colgante no da muy buena espina, y luego cuando se lo retiramos... tienes que reconocer que esos truenos y el ruido que hizo, pondrían los pelos de punta al más valiente.

En ese momento, detrás de la puerta, un escalofrió recorrió el cuerpo de Corinna.

-¡Bah! hay tormenta que esperas, que con cada relámpago suene una maraca... pero si es verdad, tengo que reconocer que a mi sobre todo me intriga este colgante, no es muy común encontrar una pieza así- dijo mientras miraba a contra luz una pieza redonda de oro con unos grabado extraños en ambas cara.
A Corinna le recorrió un sudor frio por la espalda, tenía que recuperarlo, antes de que "el" la encontrara, así que armándose de valor, abrió la puerta de golpe y salto sobre  Simón como un animal salvaje, este,  que no se esperaba el ataque callo de la silla y tiro el cigarrillo llenando el suelo de cenizas y ascuas que se apagaron con rapidez... Robert se asustó tanto que intento sacar la pistola haciendo que esta, se disparase contra el suelo desde la funda a unos pocos centímetros de su propio pie; Del mismo susto, Corinna y Simón olvidaron el forcejeo para mirar anonadados la cara pálida de Robert que se quedó aterrado al descubrir como por poco podría haberse volado el pie.

- ¡¿Qué demonios haces pedazo de inútil?!- dijo Simón mientras inmovilizaba a la pobre Corinna que no hacía más que removerse en el suelo y resoplar, soltando improperios en una lengua que ni Robert ni Simón entendía...
-Yo... yo...-balbuceaba Robert- Me... me asuste y... entonces...

-Entonces, entonces… maldito estúpido- dijo enfurecido Simón- la chiquilla está asustada y desorientada, que esperabas, que saliera y nos diera un par de besos a cada uno...¡maldita sea mi suerte! 2 años de guardia contigo y aun no te enseño a templar los nervios... que ganas tengo de jubilarme, ¡joder! - levanto a Corinna como un fardo mientras le apretaba las esposas- deberías tomarte esas vacaciones que te ofrecieron, mira tú ojo, parece que  habla en morse.
Robert comenzó a respirar hondo intentando calmar sus nervios, inhalaba y exhalaba mientras que el único ojo que no le temblaba miraba desorbitado a Corinna que lo observaba desde la silla con una mezcla entre odio y lastima, en cierto modo se sentía un poco mal de haber atacado de aquella manera, y al pensar que aquel hombre podría haberse volado un pie, cuando posiblemente le habría salvado la vida hacia unas horas, le provocaba una sensación de culpabilidad.

- Perdón...-  dijo Corinna cuya expresión cambio de la rabia a la culpabilidad.

Robert hizo un gesto de aceptación mientras respiraba con dificultad por la boca, haciendo entre el balbuceo y el suspiro.
-Hare un poco café, la noche va a ser un poco entretenida, y tú, cálmate de una maldita vez- dijo Simón muy irritado a Robert.

La cafetera comenzó a borbotear, Robert fue a apagarla mientras Simón seguía con el interrogatorio:

- vamos a ver Señorita...-miro de nuevo la ficha policial que habían abierto nueva- ¿Corinna?...
- Corinna Batrin.
- ¿Batrin? muy bien, Batrin con B ¿no? - dijo mientras tecleaba en la vieja máquina Olivetti- mujer, de edad desconocida y procedencia desconocida… muy bien, y dice usted que no recuerda nada de como llego hasta el puerto, ¿correcto?
- ya se lo he contado varias veces, navegaba en un velero de bandera rusa llamado Catarina VI, cuando nos sorprendió una tormenta...
- vamos a ver señorita- interrumpió Simón mientras encendía otro cigarrillo- le repito que eso es imposible, le voy a leer este informe...

Simón agarro una hoja apergaminada y leyó en voz alta:

- yo, François Remant, ilustre alcalde de...ta ta ta, a fecha de... ta ta... ¡Aquí! doy fe de ser testigo del hundimiento del Mercante Catarina VI en las costas de nuestra ciudad, habiendo sido rescatados 6 marinos de los cuales 4 llegaron a puerto cadáver, no se recuperaron enseres ni cartas de navegación, ni cualquier otro documento u objeto que explique el motivo de su situación en nuestras costas o del motivo del viaje, ni del resto de los marineros, que dios guarde las almas de aquellos que siguen dentro del naufragio...
-¡Ve!, pues yo iba dentro de ese barco...
-Un segundo por favor señorita Batrin, Robert, acércame la carpeta de descubrimientos...
Robert abrió la vitrina del fondo de la comisaria, saco una carpeta enorme y medio desgarrada, la cual no se desmoronaba porque estaba amarrada con cordel, se acercó a la mesa y la deposito sobre la misma mientras miraba a Corinna con rostro incrédulo, Simón le dio una calada al cigarro, lo dejo en el cenicero, quito el cordel de la carpeta y la abrió, paso y paso hojas, mientras Robert daba vueltas ruidosamente al café, Corinna se impacientaba, cuando Simón comenzó a hablar...:
- Aquí, a ver...- agarro el cigarro y masajeo su sien- mmm... si, ha sido descubierto a 4 millas náuticas del puerto de Harmond Lowell y a una profundidad de 40 metros, en las coordenadas... mmm a ver... si... ¡aquí, si!... ha sido encontrado el Barco mercante Catarina VI, velero de 3 mástiles y motor de vapor de origen Ruso, hundido con una carga de cerámica... a ver si encuentro, lo que busco... ¡ah mire, aquí!... en cuyo interior fueron también encontrados 16 cadáveres, todos ellos varones de entre 16 y 40 años, siendo imposible extraerlos del fondo por su avanzado estado de descalcificación...
-¡quiere ir al grano por favor!- grito Corinna muy molesta- no hace más que leer documentos y no sé qué quiere decirme...

Simón gruño, pues odiaba que la gente lo interrumpiera.

- Lo que mi compañero quiere decir- añadió Robert- es que es imposible que usted viajara en ese barco, pues el primer documento es de 1890 y el segundo de 1994, y estamos en el 2014 y obviamente es imposible que haya sobrevivido en el mar tantos años, y de ser así, permítame decila que ¡se conserva muy bien señorita, pues solo aparenta 24 años!- acabo burlón.
Corinna no podía acabar de creerlo, que le había pasado, como había llegado a esa situación, y lo del naufragio ¿habría sido solo una alucinación?, a fin de cuentas tampoco recordaba cómo había llegado a ese puerto...

- Además señorita Batrin- añadió Simón- está la cuestión de esto...

Dejo caer entre sus dedos la pieza de oro agarrada con una cadena de oro, en la pieza de oro podian percibirse unas extrañas inscripciones, lo ojos de Corinna se abrieron como platos.

- Devuélvamelo por favor...
- Me temo que no hasta que no aclaremos esta situación, ¿me puede decir que es?
- Es solo un recuerdo de familia...
- Y supongo que es lo suficientemente querido por usted como para decidir atacar a un agente...
- …Y provocar el accidente de mi pistola- añadió Robert, mientras señalaba con el dedo el informe, indicando su deseo de que constara en el mismo.
- Usted no lo entiende, necesito llevar puesto ese colgante, si no "el" me encontrara y me llevara - añadió Corinna en cuyos ojos empezaban a asomarse tímidamente unas lagrimas
-Efectivamente señorita, no lo entiendo, así que cuéntemelo todo...

Corinna resoplo, y acabo aceptando contarle todo si al menos le quitaba las esposas, suspiro y les pidió a ambos policías que se sentaran pues es una historia larga e inverosímil:

Hace mucho tiempo vivía en un bosque una joven gitana cuyos padres y demás familiares murieron años atrás sin ninguna razón aparente, paso mucho tiempo y se vio obligada a aprender a valerse por sí misma. Una tarde de invierno, llego a su puerta un peregrino, este le explico que dedicaba su vida a ir de un sitio para otro y que por caridad, a ver si podía descansar y calentarse un poco en su hogar. La muchacha, muy piadosa, le dejo pasar y le proporciono, alimento, cama y remendó sus ropajes. Cuando llego la noche, el peregrino sorprendió a la muchacha diciendo que se sentía muy feliz pues hacia muchísimo tiempo que no podía dormir, y por fin esa noche podría hacerlo, ella lo tomo como una broma, pero el muy serio la respondió que el solo podía dormir una vez cada 100 años.

Cuando llego la mañana el peregrino le dio las gracias y quiso despedirse, pero la muchacha que empezó a sentirse atraída por el peregrino, le pidió que se quedara unos días mas, que ella se sentía muy sola y su compañía le hacía sentirse feliz, cosa que el peregrino acepto como pago por el favor de atenderle el dia anterior.
Paso el tiempo y el amor surgió entre ambos. Una noche la muchacha tuvo una extraña pesadilla se vio con su amado en un carro negro tirado por seis pájaros blancos muy grandes, en las manos frías del peregrino había una trompeta, la cual se llevó a los labios y la hizo sonar y al acabar el sonido, vio como los muertos se levantaban, incluidos la familia de la muchacha.



Al despertarse la muchacha le conto lo ocurrido durante el sueño y el peregrino, cabizbajo la respondió que debía de marcharse, que durante mucho tiempo había dejado su sagrada tarea, ella le suplico que no lo hiciera, pero aun así este se marchó prometiendo volver a por ella algún día.

El peregrino marcho, dejando a la muchacha embarazada. Paso el tiempo y cuando la hija de la muchacha creció, se dio cuenta que la niña tenía un don especial, podía resucitar a los animales muertos que si iba encontrando, y poco a poco la situación fue más y más extraña, pues cuando la niña caminaba por el cementerio, las tumbas se abrían dejando salir a los muertos de ellas sin rasgos ninguno de muerte.

Temerosa de lo que podía pasarle a la niña, pues los augurios no eran buenos, la muchacha acudió a una bruja, la cual le dio un amuleto con la que la bruja aseguraba que nada malo podría ocurrirle a la niña.

Un día, el peregrino volvió a la casa y le dijo que no venía por ella, que venía a por la niña, pues estaba atentando contra la sagrada tarea que le habían encomendado, entonces ella le pregunto qué tarea era esa que merecía la muerte de su propia hija, entonces el peregrino mostro su auténtico rostros, abrió dos alas enormes de color negro y su rostro que ya no parecía el mismo, se apreciaban dos agujeros oscuros donde antes había dos ojos, instantáneamente la muchacha murió del terror y la niña que lo vio desde fuera de la casa, huyo asustada y nada más se volvió a saber de ella.

La leyenda cuenta que aun hoy la muerte sigue buscando a su hija o las descendientes de esta para poder seguir con el orden natural de las cosas, pero que mientras tuviera el amuleto, la muerte nunca podría encontrarla.

El silencio en la comisaria solo era interrumpido por el tic tac del reloj y por el sonido de la combustión de cigarro de Simón, mientras Robert no podía dejar de mirar a Corinna con la boca abierta, era tal su incredulidad y asombro que había parado incluso su tic.

-Qui… quiere decir... que es usted la niña de la historia...
-No, que tontería- respondió Corinna

La tranquilidad volvió al rostro de Robert hasta que Corinna añadió:
- Yo soy su tataranieta- concluyo tranquila.

Simón sonrió, se levantó y se acercó a la ventana, vio como la tormenta fuera se recrudecía, miro al estante de al lado y vio una maceta marchita, entonces pensó como ridiculizar a aquella muchacha:- Creerá que nos lo vamos a tragar la muy idiota- pensó para si- a ver que se le ocurre con esto...

Se dio la vuelta y con paso firme puso la maceta frente a Corinna y dijo solemne:

-¡Oh todopoderosa hija de la muerte! te imploro que hagas que tu poder resucite a esta planta- dijo mientras hacia una reverencia y se reía.

Robert sonrió la broma de su compañero un poco nervioso, y Corinna puso sus ojos en blanco durante un segundo, no podía creer lo estúpido que era aquel hombre:
-muy bien ¡oh estupidez hecha carne! les demostrare que lo que digo es cierto...

Corinna puso su mano sobre la maceta mientras Simón encendía otro cigarrillo y Robert no pestañeaba mirándola, espero un segundo cuando Simón se levantó de golpe de su silla…

-¡ya! lo ves- dijo Simón dándose la vuelta intentando darse aires de importancia- paparruchas, la magia no existe, solo los charlatanes...
-¿Si...si...Simón?- balbuceo Robert
- Usted se cree que vamos a creer semejante majadería y soltarla sin más...
- ¿Simón?- dijo Robert más alto
- ...Por qué claro, la señorita cree que por ser solo dos guardas portuarios no estamos preparados para tratar con semejante...
-¡Maldita sea Simón, cierra tu bocaza y mira esto!

Simón se giró para reprender la actitud de su compañero cuando ante sus ojos ocurrió lo imposible, la planta estaba brotando a una velocidad milagrosa, se extendieron los tallos, surgieron las hojas, se abrieron las flores y Corinna sonrió.

No podían creer que aquello fuera posible, cuando de pronto un golpe seco en la calle los despertó del absorto estado...:

- ¿Que ha sido eso?- pregunto Robert con la mano en el arma...
- ¡Dios mío ya está aquí!- dijo Corinna- devuélvame el colgante
- ¡!¿Quién, quien está aquí?- grito Simón cuyo cigarro cayo de su boca con el ruido.
- "el", ya está aquí y viene a por mí... devuélvame mi amuleto.

De pronto y con el brillo de un rayo de fondo, la puerta salió volando hacia fuera de la comisaria al tiempo que reventaban los cristales de la ventana, un frio intenso entro en la sala, la tormenta se veía terrorífica, el agua y el viento entraban por todo lados y de pronto una inmensa sombra envuelta en jirones negros avanzaba desde la puerta, y una vez dentro abrió dos alas negras como la noche que dejaban escapar gritos con cada movimiento de plumas.

- ¡RAPIDO! mi amuleto…

Robert en un ademan de valentía cogió el colgante y se lo lanzo a Corinna, entonces la muerte se giró hacia los dos policías, ambos cogieron sus armas y abrieron fuego, pero nada le hacían las balas, hasta que de pronto exploto en humo negro y salió de allí con dos pequeñas luces en las manos.

Se hizo de nuevo el silencio en la comisaria, Corinna se levantó y miro los cuerpos de los dos policías, intento resucitarlos, pero no pudo, así que seco sus lágrimas y salió corriendo de allí antes de que nadie más llegara, subió por la calle del puerto y se perdió en las calles de Old Hampton mientras la tormenta iba callando.

Quien sabe con quién más se encontrara la hija de la muerte

domingo, 9 de junio de 2013

carta embotellada.


El sol acariciaba ya el horizonte, y pintaba de oleo rojizo y dorado las fachadas del puerto; Se escuchaban en el aire el canto de los estorninos y el graznido de las ultimas gaviotas que volvían custodiando a los últimos pesqueros, paz en las calles y tranquilidad en los pasos de Ángel, en su nariz se percibía el olor a sal y en su cara una sonrisa.
Aquella tarde había decidido cambiar el bullicioso centro por la tranquilidad del puerto de Harmond Lowell, y mientras lo hacia, se recreaba en los paisajes que cada ola, armoniosamente definía.
Llevaba la mente en blanco, sin necesidad de pensar en nada mas que en el conjunto de sensaciones que aquel sonido lo producía.
Antes de llegar al camino que llegaba al faro, Ángel decidió sentarse y recrearse un poco mas antes de que llegara el frió y el bar del puerto se llenara de pescadores que le incomodaran el concierto que el mar le ofrecía.
Noto la piedra fría en sus manos y sus piernas, el aire fresco y húmedo sobre su rostro, el cual lo iba perlando lentamente, haciéndolo brillar como nunca antes lo había hecho, cuando de pronto un extraño sonido producido por un frió cristal se colo inesperadamente en medio del concierto. Intento localizarlo, miro desde lo alto entre las sobras del rompeolas,buscando y buscando, hasta que la suerte hizo que un rayo de sol rebotara sobre una pequeña ola y este diese vagamente en la superficie de un pequeña botella verde.
La gente no tiene consciencia- pensó para si mientras decencia hacia la botella- ¿quien puede ser tan cerdo de tirar eso al mar?
Con mucho cuidado y arriesgándose a tropezar o resbalar con el verdín, llego hasta la botella, cuando algo en esta le hizo sorprenderse; Aquella botella parecía muy vieja y su tapón aun estaba sellado con lacre rojo.
Alargo su brazo y cual fue su sorpresa cuando descubrió que en su interior habia un trozo raído de papel, el cual parecía esconderse entre las manchas del cristal.
subió de nuevo por el rompeolas y al llegar a una altura en la que las olas no le mojaban y a falta de algo con lo que abrirla, rompió el cuello de la botella y lo guardo en el bolsillo, tumbo la botella  y dejo salir el papel...

En mis sueños aun me acechas, mientras te intento olvidar.
Era y es tu mirada un misterio que no pude resolver, sobre todo ahora que no se si te volvere a ver, no por no tener posibilidad, si no por miedo a querer mas.
Te fuiste como viniste, sin hacer mas ruido que el que tu sonrisa me dejaba, y aun hoy hecho de menos  el amor que no llegamos a darnos, los sitios que nunca visitaremos, las promesas que no llegamos ha hacernos.
Ha sido mucho tiempo, una prueba muy muy larga, y en uno de los dos corazones habian ya demasiadas heridas para soportar ese esfuerzo, aun asi, sacaba el hilo de esperanza y la aguja de los sueños y una y   otra vez remendaba las heridas, para no dejar que se derramaran las gotas de amor que te quise prometer.
Echare en falta poder molestar el descanso eterno del viejo Dublines, y plantar un sauce en los acantilados blancos de Moher, donde ya hacia muchos años tu onírica presencia y yo nos resguardábamos de la aburrida realidad que el mundo nos vendía.
Un traición se puede perdonar, ¿pero como perdonar lo que nunca se ha traicionado?
Ahora solo me queda el tiempo, el recuerdo y unos pocos cabellos que están atando el regalo de Pandora que en la invernal noche me dejaste buscar. suena irónico y extraño que igual que no logre encontrarla, tampoco supe la manera de encontrar la forma de quererte sin que me pudiera hacer llorar.
No se si algún día nos encontraremos, pienso que entre tu y yo nunca han existido las casualidades, y aun me gusta pensar que en ciertos momentos, vibran en nuestro corazón la voz rasgada del viejo poeta Andalusí que se busco la vida en los sótanos de mi ciudad natal.
Me acechan dudas, aunque yo acostumbro a llamarlas terrores, que de aquel cuya filosofía y fría lógica me intruian el día a día, sea ahora quien posea aquello por lo que yo he guerreado con versos y prosaicos poemas. quizás, de ser así, seria mejor para ti, pero no me quiero hacer a la idea de que sus palabras pudieran ser y serán mas fuertes que las mías, y asi, hallan sabido conmover el alma de mi diosa.
Ha pasado ya mucho tiempo, y aun hoy, que ya no llueve cada noche al marcar las 11, que solo desfogo mi rencor en las palabras que plasmo con el amor que en ello infundo, en las noches en vela, en la musa ausente... aun después de todo, puedo seguir afirmando que a pesar de haber obtenido, a mi parecer, tan poco de ti, eres la única persona que ha sabido conmover mi alma.
Reconozco que tu mejor virtud, era la usar tus besos como en los cuentos de sherezade y haberme hecho esperar el tiempo necesario, para volver a saborearlos mientras me hacias sentir como un pobre novato.
La única ventaja que veo a esta estúpida carta, es que posiblemente nunca la llegaras a leerla, y por lo tanto no podrás corregirmela como hacías.
Te echare de menos, hasta que encuentre otro alma como la tuya, o se cumpla la idea de que somos uno para el otro por siempre.
Ahora arrio velas rojas, y me alejo de Melodia, quien sabe si en un futuro tormentoso mi bandera volvera a dejarse ver.
te ama.
El Capitan Vorkaerthos. Alta mar, a nueve de febrero de 1728