Se incorporó del sucio camastro en el que había estado
durmidero quien sabe el tiempo, no recordaba como había llegado allí, ni porque
estaba ella en una celda, aunque lo mas extraño era que la puerta de la celda
estuviera abierta. Se levantó y se dirigió hacia el espejo medio roto que había
sobre el grifo, se apartó el pelo negro con sus finas manos y vio ante si su
rostro, sus labios eran gruesos, pero parecían agrietados por no sabía que
motivo, los humedeció un poco con saliva y noto un fuerte sabor a sal, de la
piel de su cara se desprendían pequeñas partículas de piel seca, posiblemente
por un exceso de sol, se froto la cara y tras abrir el grifo, se la lavo, ahora
pudo ver su tez con su normal tono entre el marfil y el miel, y sus ojos
parecían de un color gris brillante, más brillante de lo habitual, como del
color del reflejo de la luna sobre la plata, y lo único que no debía de estar
en ese cuadro eran los 3 puntos de sutura que unían su ceja, acerco su dedo y
al tocarlo sintió un fuerte pinchazo en la frente mientras de su boca se escapa
un silbido de dolor como el que la víbora cuando intenta huir.
Miro su cuerpo y se percató que no llevaba la ropa que
recordaba haber llevado, entonces un escalofrió le surgió desde el estómago...
empezó a palpar la superficie del camisón, los bolsillos, su cuerpo… pero nada,
allí no encontraba ni rastro del viejo medallón que le acompañaba desde niña y
eso sí que le producía terror, más que el encontrarse en un sitio desconocido
como aquel o las voces masculinas que empezaban a confundirse entre los ruidos
de aquel lugar.
Corinna salió tímida, con una sensación entre el terror y
la desconfianza, pero con una pizca de curiosidad. Agarro la fría manilla de
acero y la giro lentamente, abrió con suavidad la puerta de madera, lo justo
para poder ver lo que habia en la siguiente habitación. Ante ella pudo
encontrar a dos hombres uniformados discutiendo sobre qué hacer con cierta
chica mientras uno de ellos apagaba el aparato del que salia la música:
-te digo que deberíamos esperar a que despertara- dijo el
más mayor de los dos, tenía la cara cubierta de arrugas, pero no arrugas de
vejez, si no arrugas de experiencia, el pelo era negro con algunas canas mal
disimuladas por alguna especie de tinte barato, tenía una enorme bigote negro,
hablaba con un cigarrillo en la boca, mientras su compañero, un hombre fornido
y pelirrojo, con la cara llena de pecas ,los ojos de un precioso color verde y
un pequeño tic en el izquierdo, no paraba de moverse de la silla a la mesa, y
luego a la ventana y volvía, mientras se frotaba las manos nervioso le
respondió:
-Simón, al menos deberíamos avisar al hospital, ya vistes
el golpe que tenía en la frente...
En ese momento, Corinna descubrió el motivo de la sutura
-Nada, nada, espera a que despierte, es solo un porrazo, y
seguro que está agotada de nadar… solo Dios sabrá el tiempo que llevaría en el
mar... pobre criatura.- dijo tiernamente mientras se encendía el cigarrillo-
además, que diríamos: "Buenas noches, habla intendencia de la guardia
portuaria, hemos encontrado una posible inmigrante sin papeles, vengan rápido a
por ella porque mi compañero es una niña asustadiza"- dijo burlón mientras
Robert le clavaba la mirada...
- No es cuestión de miedo, pero entenderás que ese colgante
no da muy buena espina, y luego cuando se lo retiramos... tienes que reconocer
que esos truenos y el ruido que hizo, pondrían los pelos de punta al más
valiente.
En ese momento, detrás de la puerta, un escalofrió recorrió
el cuerpo de Corinna.
-¡Bah! hay tormenta que esperas, que con cada relámpago
suene una maraca... pero si es verdad, tengo que reconocer que a mi sobre todo
me intriga este colgante, no es muy común encontrar una pieza así- dijo
mientras miraba a contra luz una pieza redonda de oro con unos grabado extraños
en ambas cara.
A Corinna le recorrió un sudor frio por la espalda, tenía
que recuperarlo, antes de que "el" la encontrara, así que armándose
de valor, abrió la puerta de golpe y salto sobre Simón como un animal
salvaje, este, que no se esperaba el
ataque callo de la silla y tiro el cigarrillo llenando el suelo de cenizas y
ascuas que se apagaron con rapidez... Robert se asustó tanto que intento sacar
la pistola haciendo que esta, se disparase contra el suelo desde la funda a
unos pocos centímetros de su propio pie; Del mismo susto, Corinna y Simón
olvidaron el forcejeo para mirar anonadados la cara pálida de Robert que se
quedó aterrado al descubrir como por poco podría haberse volado el pie.
- ¡¿Qué demonios haces pedazo de inútil?!- dijo Simón
mientras inmovilizaba a la pobre Corinna que no hacía más que removerse en el
suelo y resoplar, soltando improperios en una lengua que ni Robert ni Simón
entendía...
-Yo... yo...-balbuceaba Robert- Me... me asuste y...
entonces...
-Entonces, entonces… maldito estúpido- dijo enfurecido
Simón- la chiquilla está asustada y desorientada, que esperabas, que saliera y
nos diera un par de besos a cada uno...¡maldita sea mi suerte! 2 años de
guardia contigo y aun no te enseño a templar los nervios... que ganas tengo de
jubilarme, ¡joder! - levanto a Corinna como un fardo mientras le apretaba las
esposas- deberías tomarte esas vacaciones que te ofrecieron, mira tú ojo,
parece que habla en morse.
Robert comenzó a respirar hondo intentando calmar sus
nervios, inhalaba y exhalaba mientras que el único ojo que no le temblaba
miraba desorbitado a Corinna que lo observaba desde la silla con una mezcla
entre odio y lastima, en cierto modo se sentía un poco mal de haber atacado de
aquella manera, y al pensar que aquel hombre podría haberse volado un pie,
cuando posiblemente le habría salvado la vida hacia unas horas, le provocaba
una sensación de culpabilidad.
- Perdón...- dijo Corinna cuya expresión cambio de la
rabia a la culpabilidad.
Robert hizo un gesto de aceptación mientras respiraba con
dificultad por la boca, haciendo entre el balbuceo y el suspiro.
-Hare un poco café, la noche va a ser un poco entretenida,
y tú, cálmate de una maldita vez- dijo Simón muy irritado a Robert.
La cafetera comenzó a borbotear, Robert fue a apagarla
mientras Simón seguía con el interrogatorio:
- vamos a ver Señorita...-miro de nuevo la ficha policial
que habían abierto nueva- ¿Corinna?...
- Corinna Batrin.
- ¿Batrin? muy bien, Batrin con B ¿no? - dijo mientras
tecleaba en la vieja máquina Olivetti- mujer, de edad desconocida y procedencia
desconocida… muy bien, y dice usted que no recuerda nada de como llego hasta el
puerto, ¿correcto?
- ya se lo he contado varias veces, navegaba en un velero
de bandera rusa llamado Catarina VI, cuando nos sorprendió una tormenta...
- vamos a ver señorita- interrumpió Simón mientras encendía
otro cigarrillo- le repito que eso es imposible, le voy a leer este informe...
Simón agarro una hoja apergaminada y leyó en voz alta:
- yo, François Remant, ilustre alcalde de...ta ta ta, a
fecha de... ta ta... ¡Aquí! doy fe de ser testigo del hundimiento del Mercante
Catarina VI en las costas de nuestra ciudad, habiendo sido rescatados 6 marinos
de los cuales 4 llegaron a puerto cadáver, no se recuperaron enseres ni cartas
de navegación, ni cualquier otro documento u objeto que explique el motivo de
su situación en nuestras costas o del motivo del viaje, ni del resto de los
marineros, que dios guarde las almas de aquellos que siguen dentro del
naufragio...
-¡Ve!, pues yo iba dentro de ese barco...
-Un segundo por favor señorita Batrin, Robert, acércame la
carpeta de descubrimientos...
Robert abrió la vitrina del fondo de la comisaria, saco una
carpeta enorme y medio desgarrada, la cual no se desmoronaba porque estaba
amarrada con cordel, se acercó a la mesa y la deposito sobre la misma mientras
miraba a Corinna con rostro incrédulo, Simón le dio una calada al cigarro, lo
dejo en el cenicero, quito el cordel de la carpeta y la abrió, paso y paso
hojas, mientras Robert daba vueltas ruidosamente al café, Corinna se
impacientaba, cuando Simón comenzó a hablar...:
- Aquí, a ver...- agarro el cigarro y masajeo su sien-
mmm... si, ha sido descubierto a 4 millas náuticas del puerto de Harmond Lowell
y a una profundidad de 40 metros, en las coordenadas... mmm a ver... si...
¡aquí, si!... ha sido encontrado el Barco mercante Catarina VI, velero de 3
mástiles y motor de vapor de origen Ruso, hundido con una carga de cerámica...
a ver si encuentro, lo que busco... ¡ah mire, aquí!... en cuyo interior fueron
también encontrados 16 cadáveres, todos ellos varones de entre 16 y 40 años,
siendo imposible extraerlos del fondo por su avanzado estado de
descalcificación...
-¡quiere ir al grano por favor!- grito Corinna muy molesta-
no hace más que leer documentos y no sé qué quiere decirme...
Simón gruño, pues odiaba que la gente lo interrumpiera.
- Lo que mi compañero quiere decir- añadió Robert- es que
es imposible que usted viajara en ese barco, pues el primer documento es de
1890 y el segundo de 1994, y estamos en el 2014 y obviamente es imposible que
haya sobrevivido en el mar tantos años, y de ser así, permítame decila que ¡se
conserva muy bien señorita, pues solo aparenta 24 años!- acabo burlón.
Corinna no podía acabar de creerlo, que le había pasado,
como había llegado a esa situación, y lo del naufragio ¿habría sido solo una
alucinación?, a fin de cuentas tampoco recordaba cómo había llegado a ese
puerto...
- Además señorita Batrin- añadió Simón- está la cuestión de
esto...
Dejo caer entre sus dedos la pieza de oro agarrada con una
cadena de oro, en la pieza de oro podian percibirse unas extrañas
inscripciones, lo ojos de Corinna se abrieron como platos.
- Devuélvamelo por favor...
- Me temo que no hasta que no aclaremos esta situación, ¿me
puede decir que es?
- Es solo un recuerdo de familia...
- Y supongo que es lo suficientemente querido por usted
como para decidir atacar a un agente...
- …Y provocar el accidente de mi pistola- añadió Robert,
mientras señalaba con el dedo el informe, indicando su deseo de que constara en
el mismo.
- Usted no lo entiende, necesito llevar puesto ese
colgante, si no "el" me encontrara y me llevara - añadió Corinna en
cuyos ojos empezaban a asomarse tímidamente unas lagrimas
-Efectivamente señorita, no lo entiendo, así que cuéntemelo
todo...
Corinna resoplo, y acabo aceptando contarle todo si al
menos le quitaba las esposas, suspiro y les pidió a ambos policías que se
sentaran pues es una historia larga e inverosímil:
Hace mucho tiempo vivía en un bosque una joven gitana cuyos
padres y demás familiares murieron años atrás sin ninguna razón aparente, paso
mucho tiempo y se vio obligada a aprender a valerse por sí misma. Una tarde de
invierno, llego a su puerta un peregrino, este le explico que dedicaba su vida
a ir de un sitio para otro y que por caridad, a ver si podía descansar y
calentarse un poco en su hogar. La muchacha, muy piadosa, le dejo pasar y le
proporciono, alimento, cama y remendó sus ropajes. Cuando llego la noche, el
peregrino sorprendió a la muchacha diciendo que se sentía muy feliz pues hacia
muchísimo tiempo que no podía dormir, y por fin esa noche podría hacerlo, ella
lo tomo como una broma, pero el muy serio la respondió que el solo podía dormir
una vez cada 100 años.
Cuando llego la mañana el peregrino le dio las gracias y
quiso despedirse, pero la muchacha que empezó a sentirse atraída por el
peregrino, le pidió que se quedara unos días mas, que ella se sentía muy sola y
su compañía le hacía sentirse feliz, cosa que el peregrino acepto como pago por
el favor de atenderle el dia anterior.
Paso el tiempo y el amor surgió entre ambos. Una noche la
muchacha tuvo una extraña pesadilla se vio con su amado en un carro negro
tirado por seis pájaros blancos muy grandes, en las manos frías del peregrino
había una trompeta, la cual se llevó a los labios y la hizo sonar y al acabar
el sonido, vio como los muertos se levantaban, incluidos la familia de la
muchacha.
Al despertarse la muchacha le conto lo ocurrido durante el
sueño y el peregrino, cabizbajo la respondió que debía de marcharse, que
durante mucho tiempo había dejado su sagrada tarea, ella le suplico que no lo
hiciera, pero aun así este se marchó prometiendo volver a por ella algún día.
El peregrino marcho, dejando a la muchacha embarazada. Paso
el tiempo y cuando la hija de la muchacha creció, se dio cuenta que la niña
tenía un don especial, podía resucitar a los animales muertos que si iba
encontrando, y poco a poco la situación fue más y más extraña, pues cuando la
niña caminaba por el cementerio, las tumbas se abrían dejando salir a los
muertos de ellas sin rasgos ninguno de muerte.
Temerosa de lo que podía pasarle a la niña, pues los
augurios no eran buenos, la muchacha acudió a una bruja, la cual le dio un
amuleto con la que la bruja aseguraba que nada malo podría ocurrirle a la niña.
Un día, el peregrino volvió a la casa y le dijo que no
venía por ella, que venía a por la niña, pues estaba atentando contra la
sagrada tarea que le habían encomendado, entonces ella le pregunto qué tarea
era esa que merecía la muerte de su propia hija, entonces el peregrino mostro su
auténtico rostros, abrió dos alas enormes de color negro y su rostro que ya no
parecía el mismo, se apreciaban dos agujeros oscuros donde antes había dos
ojos, instantáneamente la muchacha murió del terror y la niña que lo vio desde
fuera de la casa, huyo asustada y nada más se volvió a saber de ella.
La leyenda cuenta que aun hoy la muerte sigue buscando a su
hija o las descendientes de esta para poder seguir con el orden natural de las
cosas, pero que mientras tuviera el amuleto, la muerte nunca podría encontrarla.
El silencio en la comisaria solo era interrumpido por el
tic tac del reloj y por el sonido de la combustión de cigarro de Simón,
mientras Robert no podía dejar de mirar a Corinna con la boca abierta, era tal
su incredulidad y asombro que había parado incluso su tic.
-Qui… quiere decir... que es usted la niña de la
historia...
-No, que tontería- respondió Corinna
La tranquilidad volvió al rostro de Robert hasta que
Corinna añadió:
- Yo soy su tataranieta- concluyo tranquila.
Simón sonrió, se levantó y se acercó a la ventana, vio como
la tormenta fuera se recrudecía, miro al estante de al lado y vio una maceta
marchita, entonces pensó como ridiculizar a aquella muchacha:- Creerá que nos
lo vamos a tragar la muy idiota- pensó para si- a ver que se le ocurre con
esto...
Se dio la vuelta y con paso firme puso la maceta frente a
Corinna y dijo solemne:
-¡Oh todopoderosa hija de la muerte! te imploro que hagas
que tu poder resucite a esta planta- dijo mientras hacia una reverencia y se reía.
Robert sonrió la broma de su compañero un poco nervioso, y
Corinna puso sus ojos en blanco durante un segundo, no podía creer lo estúpido
que era aquel hombre:
-muy bien ¡oh estupidez hecha carne! les demostrare que lo
que digo es cierto...
Corinna puso su mano sobre la maceta mientras Simón
encendía otro cigarrillo y Robert no pestañeaba mirándola, espero un segundo
cuando Simón se levantó de golpe de su silla…
-¡ya! lo ves- dijo Simón dándose la vuelta intentando darse
aires de importancia- paparruchas, la magia no existe, solo los charlatanes...
-¿Si...si...Simón?- balbuceo Robert
- Usted se cree que vamos a creer semejante majadería y
soltarla sin más...
- ¿Simón?- dijo Robert más alto
- ...Por qué claro, la señorita cree que por ser solo dos
guardas portuarios no estamos preparados para tratar con semejante...
-¡Maldita sea Simón, cierra tu bocaza y mira esto!
Simón se giró para reprender la actitud de su compañero
cuando ante sus ojos ocurrió lo imposible, la planta estaba brotando a una
velocidad milagrosa, se extendieron los tallos, surgieron las hojas, se
abrieron las flores y Corinna sonrió.
No podían creer que aquello fuera posible, cuando de pronto
un golpe seco en la calle los despertó del absorto estado...:
- ¿Que ha sido eso?- pregunto Robert con la mano en el
arma...
- ¡Dios mío ya está aquí!- dijo Corinna- devuélvame el
colgante
- ¡!¿Quién, quien está aquí?- grito Simón cuyo cigarro cayo
de su boca con el ruido.
- "el", ya está aquí y viene a por mí... devuélvame
mi amuleto.
De pronto y con el brillo de un rayo de fondo, la puerta
salió volando hacia fuera de la comisaria al tiempo que reventaban los
cristales de la ventana, un frio intenso entro en la sala, la tormenta se veía
terrorífica, el agua y el viento entraban por todo lados y de pronto una
inmensa sombra envuelta en jirones negros avanzaba desde la puerta, y una vez
dentro abrió dos alas negras como la noche que dejaban escapar gritos con cada
movimiento de plumas.
- ¡RAPIDO! mi amuleto…
Robert en un ademan de valentía cogió el colgante y se lo
lanzo a Corinna, entonces la muerte se giró hacia los dos policías, ambos
cogieron sus armas y abrieron fuego, pero nada le hacían las balas, hasta que
de pronto exploto en humo negro y salió de allí con dos pequeñas luces en las
manos.
Se hizo de nuevo el silencio en la comisaria, Corinna se
levantó y miro los cuerpos de los dos policías, intento resucitarlos, pero no
pudo, así que seco sus lágrimas y salió corriendo de allí antes de que nadie
más llegara, subió por la calle del puerto y se perdió en las calles de Old
Hampton mientras la tormenta iba callando.
Quien sabe con quién más se encontrara la hija de la muerte