Anna salió de la habitación hacia al mostrador de la planta 6 para
avisar a las enfermeras de que Ángel había despertado. Realmente se sentía muy
reconfortada de que por fin estuviera consciente, pero otra parte de ella temía
que “el accidente” le hubiera dejado secuelas ya que aún no podían saber si
realmente se había quedado ciego o no. Durante las últimas noches antes de que
despertara, Anna no pudo pegar ojo en su casa pensando si Ángel estaría o no bien,
era extraño, pero desde su "afortunado" encontronazo en el puente, ya
no volvió a ver a Ángel de la misma manera, y hasta Cole bromeaba con la idea
de que le gustaba, a pesar de que en el fondo no le hacía mucha gracia cuando
Anna le seguía el rollo con aquello.
Los pasillos estaban abarrotados con gente
de un lado para otro: personal del hospital, familiares visitando a enfermos y
repartidores portando enorme ramos de flores con dedicatorias del estilo "
esperamos que mejores" y todo ello aderezado con el pestilente olor a antiséptico
y a comida de hospital.
Cuando al fin llego al mostrador allí no había
nadie y sospechaba que por mucho que esperase, la situación no iba a cambiar, así que volvió
por donde había venido.
De vuelta por los pasillos llego a la habitación
cuando encontró a la doctora saliendo:
- Ah, hola, acabo de hablar con tu
padre...
- ¡Eh..! No es mi padre, es... es Cole.
- Es igual, el Señor Vorkaerthos parece
estable y ya ha salido de la zona de riesgo pero aun así no podemos retirarle
la vía ni el oxígeno, así que se quedara aquí unos días más.
- “¿¿Vorkaerthos??”- Pensó Anna para si- ¿Y en cuanto a las
visitas...? – Dijo con impaciencia.
- A eso iba. Como ya está consciente puede
quedarse alguien con el pero solo una persona...
"Doctora Limbeck, acuda a sala
3..."
- bueno Amanda...
- Anna...
- Es igual. Me tengo que ir, cualquier
problema esta noche llamas con el botón de la camilla; tu padre ya se ha ido...
- ¡Que no es mi padre!
- Bueno, es igual - dijo la doctora
mientras se alejaba.
Anna giro el pomo de la puerta y aunque
pensaba mantener una ligera conversación con Ángel para averiguar que le había
pasado, se encontró que ya estaba dormido de nuevo - "Está estable"- recordaba
para si las palabras de la doctora al ver el que no se movía más allá del suave
balanceo de su pecho bajo las sabanas.
Durante un rato no paro de andar por la habitación,
en su cabeza desde que dispararon a Ángel solo se le venía una y otra vez el
momento en el que estuvo a punto de acabar con su propia vida y la sensación de
volver a nacer cuando cayó de espaldas en la carretera; y después, verle...
Sus ojos color miel que la miraban casi
lacrimosos, el rostro completamente desencajado de terror y a pesar de lo
dantesco que pudiera parecer aquello, ella vio en ese momento la belleza de las
personas, la sensación cálida de que alguien se preocupaba por ella, y después
de aquel día, la sensación de agradecimiento iba en aumento, pues no la dejo
sola ni un solo instante. Cuido de ella como algo más que la ahijada de su
amigo... En su cabeza aparecían recuerdos de paseos juntos por la plaza del
virtuoso y del día que conoció a Hugo, amigo de Ángel que allí trabajaba, de
las noches que la esperaba hasta última hora para acompañarla a casa y de cómo
Cole amenazante le repetía una y otra vez: "Con el no... le quiero mucho,
pero es un colega mío" y de cómo Ángel y ella se burlaban cogiéndose de la
mano y llamándose cariño delante suya.
Era extraño pero a pesar de ser una broma
entre ambos, parecía que no les incomodaba demasiado la idea, o al menos eso
pensaba fugazmente ella a pensar que la sombra de Siena siempre andaba cerca.
Por todo aquello Anna se sentía en deuda con él a pesar de que
nunca le pedia nada a cambio y eso le gustaba mucho más. La idea de que alguien
hiciera algo por ella porque si sin esperar absolutamente nada a cambio, le
parecía muy tierno y transformo su concepto de las personas e hizo de la joven
rebelde alguien más madura y sensata, a pesar de que seguía disfrutando de
tocarle los huevos a Cole una y otra vez como una niñata.
Era muy extraño, a pesar de haberse
enterado de la trágica noticia, Ángel parecía sereno... quizás demasiadas cosas
le rondaban la cabeza como para poder preocuparse por todas o quizás
simplemente no creía del todo el que Sienna hubiera muerto.
Después de un rato y aburrida de dar
vueltas, acabo por sentarse en una silla de la sala, cerca de la ventana, no
sin antes volver a comprobar que Ángel seguía vivo a pesar de seguir escuchando
el monótono pitido del “electro”.
Se quedó mirando las estrellas, las pocas
que la luz de la ciudad le dejaba ver, y poco a poco el sueño se iba apoderando
de ella más y más…
De pronto se encontró en medio de la ciudad. Estaba completamente vacía
y silenciosa. Intento gritar para llamar a alguien, pero no pudo oírse ni a sí
misma y lo que le extraño aún más, todo estaba en blanco y negro.
Camino durante un rato hasta llegar a la
plaza del virtuoso. Vacía de gente parecía aún más grande e imponente. En el
centro de la plaza vio una silueta inmóvil; No sabía que hacer pues a pesar de
que le daba miedo encontrarse con alguien en un sitio tan grande y vacío, algo
familiar en la silueta la llamaba. Siguió andando y cuando llego al centro, vio
que aquella silueta era un mimo. Anna comprobó sus bolsillos y saco una moneda,
y tras depositarla en un viejo bombín que había en el suelo, el mimo comenzo a
moverse...
Al principio sonrió e hizo una elegante
reverencia, después estiro sus dedos índice y corazón y simulo una pistola dejando instantáneamente
de sonreír. Tras ese gesto, el mimo modifico la posición de los dedos dejando
solo el índice erguido y llevándolo al parpado inferior de uno de sus ojos e
hizo el típico gesto de "observa".
La cara del mimo volvió a la sonreír, hizo
de nuevo la reverencia y Anna despertó.
Se encontró en la silla, a oscuras. Froto
sus ojos y se levantó para acercarse a la cama de Ángel. Le vio tranquilo,
calmado, como si nada lo atormentara ni preocupara, le acaricio la cara con
suavidad y le tapo bien con la sabana.
Se dio la vuelta, volvió a la ventaba y se
quedó observando de nuevo las estrellas, pensativas en su sueño:
- ¿No puedes dormir?- dijo Ángel
susurrante desde la cama.
Anna se giró y sonrió para volver de nuevo
a mirar por la ventana:
- No, estaba dándole vueltas a una cosa
que me intriga.- dijo Anna con voz despreocupada.
- ¿Hablas de las estrellas? - dijo Ángel
sonriendo.
- Si... por ejemplo, ¿por qué brillan?- respondió
irónica.
- A mí me intrigan otras cosas...- respondió
Ángel casi asfixiado
Anna se giró y miro buscando los ojos de Ángel
que seguían tapados con el vendaje:
- ¿Cómo qué?- Preguntó Anna intrigada
- Pues veras... Las estrellas brillan sin
motivo, pero tú... ¿porque brillas tú?- dijo Ángel sonriente - algún motivo
debe de haber.
Anna sonrió y soltó un leve suspiro que se
confundía con una risa mientras se volvía a sentar en la silla:
- Ni que tú pudieras ver ahora si brillo o no.- dijo Anna
torciendo la boca al darse cuenta de lo borde que había sonado eso teniendo en
cuenta que quizás Ángel estuviera ciego.
- No necesito verte para saber que estas brillando.
Anna no esperaba aquella respuesta, se acercó de nuevo a la cama y
agarro con ternura la mano de Ángel:
-¿Sabes? Algún día me atreveré a explicarte que me hace brillar,
pero hoy no. Ahora descansa, esta noche me quedare yo contigo…
A mi "Anna", porque has cuidado de mi sonrisa cuando me
dispararon en el pecho.
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