sábado, 4 de enero de 2014

Señales en los sueños.

Anna salió de la habitación hacia al mostrador de la planta 6 para avisar a las enfermeras de que Ángel había despertado. Realmente se sentía muy reconfortada de que por fin estuviera consciente, pero otra parte de ella temía que “el accidente” le hubiera dejado secuelas ya que aún no podían saber si realmente se había quedado ciego o no. Durante las últimas noches antes de que despertara, Anna no pudo pegar ojo en su casa pensando si Ángel estaría o no bien, era extraño, pero desde su "afortunado" encontronazo en el puente, ya no volvió a ver a Ángel de la misma manera, y hasta Cole bromeaba con la idea de que le gustaba, a pesar de que en el fondo no le hacía mucha gracia cuando Anna le seguía el rollo con aquello.

Los pasillos estaban abarrotados con gente de un lado para otro: personal del hospital, familiares visitando a enfermos y repartidores portando enorme ramos de flores con dedicatorias del estilo " esperamos que mejores" y todo ello aderezado con el pestilente olor a antiséptico y a comida de hospital.

Cuando al fin llego al mostrador allí no había nadie y sospechaba que por mucho que esperase,  la situación no iba a cambiar, así que volvió por donde había venido.

De vuelta por los pasillos llego a la habitación cuando encontró a la doctora saliendo:

- Ah, hola, acabo de hablar con tu padre...
- ¡Eh..! No es mi padre, es... es Cole.
- Es igual, el Señor Vorkaerthos parece estable y ya ha salido de la zona de riesgo pero aun así no podemos retirarle la vía ni el oxígeno, así que se quedara aquí unos días más.
- “¿¿Vorkaerthos??”- Pensó Anna para si- ¿Y en cuanto a las visitas...? – Dijo con impaciencia.
- A eso iba. Como ya está consciente puede quedarse alguien con el pero solo una persona...

"Doctora Limbeck, acuda a sala 3..."

- bueno Amanda...
- Anna...
- Es igual. Me tengo que ir, cualquier problema esta noche llamas con el botón de la camilla; tu padre ya se ha ido...
- ¡Que no es mi padre!
- Bueno, es igual - dijo la doctora mientras se alejaba.

Anna giro el pomo de la puerta y aunque pensaba mantener una ligera conversación con Ángel para averiguar que le había pasado, se encontró que ya estaba dormido de nuevo - "Está estable"- recordaba para si las palabras de la doctora al ver el que no se movía más allá del suave balanceo de su pecho bajo las sabanas.

Durante un rato no paro de andar por la habitación, en su cabeza desde que dispararon a Ángel solo se le venía una y otra vez el momento en el que estuvo a punto de acabar con su propia vida y la sensación de volver a nacer cuando cayó de espaldas en la carretera; y después, verle...
Sus ojos color miel que la miraban casi lacrimosos, el rostro completamente desencajado de terror y a pesar de lo dantesco que pudiera parecer aquello, ella vio en ese momento la belleza de las personas, la sensación cálida de que alguien se preocupaba por ella, y después de aquel día, la sensación de agradecimiento iba en aumento, pues no la dejo sola ni un solo instante. Cuido de ella como algo más que la ahijada de su amigo... En su cabeza aparecían recuerdos de paseos juntos por la plaza del virtuoso y del día que conoció a Hugo, amigo de Ángel que allí trabajaba, de las noches que la esperaba hasta última hora para acompañarla a casa y de cómo Cole amenazante le repetía una y otra vez: "Con el no... le quiero mucho, pero es un colega mío" y de cómo Ángel y ella se burlaban cogiéndose de la mano y llamándose cariño delante suya.

Era extraño pero a pesar de ser una broma entre ambos, parecía que no les incomodaba demasiado la idea, o al menos eso pensaba fugazmente ella a pensar que la sombra de Siena siempre andaba cerca.

Por todo aquello Anna se sentía en deuda con él a pesar de que nunca le pedia nada a cambio y eso le gustaba mucho más. La idea de que alguien hiciera algo por ella porque si sin esperar absolutamente nada a cambio, le parecía muy tierno y transformo su concepto de las personas e hizo de la joven rebelde alguien más madura y sensata, a pesar de que seguía disfrutando de tocarle los huevos a Cole una y otra vez como una niñata.

Era muy extraño, a pesar de haberse enterado de la trágica noticia, Ángel parecía sereno... quizás demasiadas cosas le rondaban la cabeza como para poder preocuparse por todas o quizás simplemente no creía del todo el que Sienna hubiera muerto.

Después de un rato y aburrida de dar vueltas, acabo por sentarse en una silla de la sala, cerca de la ventana, no sin antes volver a comprobar que Ángel seguía vivo a pesar de seguir escuchando el monótono pitido del “electro”.

Se quedó mirando las estrellas, las pocas que la luz de la ciudad le dejaba ver, y poco a poco el sueño se iba apoderando de ella más y más…

De pronto se encontró en medio de la ciudad. Estaba completamente vacía y silenciosa. Intento gritar para llamar a alguien, pero no pudo oírse ni a sí misma y lo que le extraño aún más, todo estaba en blanco y negro.

Camino durante un rato hasta llegar a la plaza del virtuoso. Vacía de gente parecía aún más grande e imponente. En el centro de la plaza vio una silueta inmóvil; No sabía que hacer pues a pesar de que le daba miedo encontrarse con alguien en un sitio tan grande y vacío, algo familiar en la silueta la llamaba. Siguió andando y cuando llego al centro, vio que aquella silueta era un mimo. Anna comprobó sus bolsillos y saco una moneda, y tras depositarla en un viejo bombín que había en el suelo, el mimo comenzo a moverse...

Al principio sonrió e hizo una elegante reverencia, después estiro sus dedos índice y corazón  y simulo una pistola dejando instantáneamente de sonreír. Tras ese gesto, el mimo modifico la posición de los dedos dejando solo el índice erguido y llevándolo al parpado inferior de uno de sus ojos e hizo el típico gesto de "observa".

La cara del mimo volvió a la sonreír, hizo de nuevo la reverencia y  Anna despertó.

Se encontró en la silla, a oscuras. Froto sus ojos y se levantó para acercarse a la cama de Ángel. Le vio tranquilo, calmado, como si nada lo atormentara ni preocupara, le acaricio la cara con suavidad y le tapo bien con la sabana.

Se dio la vuelta, volvió a la ventaba y se quedó observando de nuevo las estrellas, pensativas en su sueño:

- ¿No puedes dormir?- dijo Ángel susurrante desde la cama.

Anna se giró y sonrió para volver de nuevo a mirar por la ventana:

- No, estaba dándole vueltas a una cosa que me intriga.- dijo Anna con voz despreocupada.
- ¿Hablas de las estrellas? - dijo Ángel sonriendo.
- Si... por ejemplo, ¿por qué brillan?- respondió irónica.
- A mí me intrigan otras cosas...- respondió Ángel casi asfixiado

Anna se giró y miro buscando los ojos de Ángel que seguían tapados con el vendaje:

- ¿Cómo qué?- Preguntó Anna intrigada
- Pues veras... Las estrellas brillan sin motivo, pero tú... ¿porque brillas tú?- dijo Ángel sonriente - algún motivo debe de haber.

Anna sonrió y soltó un leve suspiro que se confundía con una risa mientras se volvía a sentar en la silla:

- Ni que tú pudieras ver ahora si brillo o no.- dijo Anna torciendo la boca al darse cuenta de lo borde que había sonado eso teniendo en cuenta que quizás Ángel estuviera ciego.
- No necesito verte para saber que estas brillando.

Anna no esperaba aquella respuesta, se acercó de nuevo a la cama y agarro con ternura la mano de Ángel:

-¿Sabes? Algún día me atreveré a explicarte que me hace brillar, pero hoy no. Ahora descansa, esta noche me quedare yo contigo…






A mi "Anna", porque has cuidado de mi sonrisa cuando me dispararon en el pecho.

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