domingo, 25 de enero de 2015

Cuando la vida te da un vuelco.

A veces, harto de revolcarte en tu propio fango, descubres que la vida no es ese charco de heces en el que te recreas, criticando y envidiando todo; Y piensas que esa es la única y verdadera realidad, pero no es así, esa es solo "TU" realidad.

No sé muy bien si fue valentía o locura lo que me motivó, pero decidí salir de aquella mierda e intentar disfrutar un poquito de aquella otra realidad que no conocía, o bien no quise conocer antes por cobarde.

Así fue como volví al lugar en el que hacía ya tanto tiempo dedique mis días de adolescencia a forjar una personalidad y donde quizás no la forje con cuidado; Volví a las charlas con risas en las sombras de los pinos, mientras que por los huecos de sus copas, la luz que surgía calentaban mi cara con un sol estival digno de una postal. Regrese a las noches en vela, pero no de teletienda, si no de cerveza y compañía... En ese momento volví a darme cuenta que mi vida no había tenido sentido nunca, pues si lo que yo pensaba que era vivir era un continuo sufrimiento, ¿que era pues esa nueva sensación? ¿Muerte?, no... Era renacer, volver a los orígenes de todo para recordar quien eras y quien querías ser. Y lo que yo quería ser distaba mucho de lo que ahora era.

De este modo me dedique los poco segundos que me ofreció el destino a disfrutar de ese renacer, a recrearme del sonido del gentío, del ruido de hielo que cae en vasos de plástico, de la música absurda que nunca deja de triunfar y del abrazo con desconocidos mientras dejas que el ritmo te lleve en una marea de risas y salpicaduras de cerveza y ron.

Pero dentro de esa extraña y alocada vorágine de diversión, la descubrí a ella o más bien ella me “descubrió” a mi.

Ya antes me había fijado en lo especial que había en esa mirada verdosa, de esa sonrisa ladeada y picara, de esos cabellos como toboganes de fuego oscuro... pero aquella vez era distinto...

El simple tacto de su mejilla contra la mía en un simple saludo, era para mí el momento en que el tiempo se detenía y del cielo caía un pañuelo de seda que acariciaba mi cara.

No supe cómo ni por qué, pero alguien que permanecía moribundo dentro de mi grito: "¡Es ella!". Y entonces lo supe, yo tenía que ser para ella.

Luche con uñas y dientes y a veces creí verme vencido, porque no recordaba que las normas de la conquista son como las del baile, unas veces se sigue y otras seguido, pero nunca se deja de bailar.

así pasaron los segundo de mi tiempo de tregua contra la desolación, jugando a las miradas y a las canciones susurradas y cantadas por el otro como por arte de magia, hasta que se presentó la ocasión de cargar con todas las fuerzas que le quedaban al viejo moribundo. Y no fue al primero, si no al segundo intento cuando su Numancia cayo y yo caí por ella. Desde ese instante el reloj quiso correr más que nunca y al final el tiempo de tregua acabo.

Volví a mi charco, pero antes de tan siquiera pensar en volver a hundirme dentro, decidí que quizás, ella no solo era alguien por quien suspirar, si no mi mejor aliada para acabar con la desolación, y así fue y sigue siendo, yo lucho y ella a mi lado, dándome las fuerzas que necesito para enfrentarme a todo mientras cuida de mi viejo moribundo.

Quiero construir una casa donde antes estaba el lodazal, pero creo que aunque construyera el mejor de los palacios, jamás estará a la altura de lo que ha hecho por mí. Aun así ella se mancha las manos de barro y sonríe con cada ladrillo que ponemos juntos.


Gracias por quererme, cuidarme y conseguir que mi viejo moribundo, vuelva a latir.