A veces, harto de revolcarte en tu propio fango, descubres que la
vida no es ese charco de heces en el que te recreas, criticando y envidiando
todo; Y piensas que esa es la única y verdadera realidad, pero no es así, esa
es solo "TU" realidad.
No sé muy bien si fue valentía o locura lo
que me motivó, pero decidí salir de aquella mierda e intentar disfrutar un
poquito de aquella otra realidad que no conocía, o bien no quise conocer antes
por cobarde.
Así fue como volví al lugar en el que hacía
ya tanto tiempo dedique mis días de adolescencia a forjar una personalidad y
donde quizás no la forje con cuidado; Volví a las charlas con risas en las
sombras de los pinos, mientras que por los huecos de sus copas, la luz que surgía
calentaban mi cara con un sol estival digno de una postal. Regrese a las noches
en vela, pero no de teletienda, si no de cerveza y compañía... En ese momento volví
a darme cuenta que mi vida no había tenido sentido nunca, pues si lo que yo
pensaba que era vivir era un continuo sufrimiento, ¿que era pues esa nueva sensación?
¿Muerte?, no... Era renacer, volver a los orígenes de todo para recordar quien
eras y quien querías ser. Y lo que yo quería ser distaba mucho de lo que ahora
era.
De este modo me dedique los poco segundos
que me ofreció el destino a disfrutar de ese renacer, a recrearme del sonido
del gentío, del ruido de hielo que cae en vasos de plástico, de la música
absurda que nunca deja de triunfar y del abrazo con desconocidos mientras dejas
que el ritmo te lleve en una marea de risas y salpicaduras de cerveza y ron.
Pero dentro de esa extraña y alocada vorágine
de diversión, la descubrí a ella o más bien ella me “descubrió” a mi.
Ya antes me había fijado en lo especial
que había en esa mirada verdosa, de esa sonrisa ladeada y picara, de esos cabellos
como toboganes de fuego oscuro... pero aquella vez era distinto...
El simple tacto de su mejilla contra la mía
en un simple saludo, era para mí el momento en que el tiempo se detenía y del
cielo caía un pañuelo de seda que acariciaba mi cara.
No supe cómo ni por qué, pero alguien que permanecía
moribundo dentro de mi grito: "¡Es ella!". Y entonces lo supe, yo tenía
que ser para ella.
Luche con uñas y dientes y a veces creí
verme vencido, porque no recordaba que las normas de la conquista son como las
del baile, unas veces se sigue y otras seguido, pero nunca se deja de bailar.
así pasaron los segundo de mi tiempo de
tregua contra la desolación, jugando a las miradas y a las canciones susurradas
y cantadas por el otro como por arte de magia, hasta que se presentó la ocasión
de cargar con todas las fuerzas que le quedaban al viejo moribundo. Y no fue al
primero, si no al segundo intento cuando su Numancia cayo y yo caí por ella. Desde
ese instante el reloj quiso correr más que nunca y al final el tiempo de tregua
acabo.
Volví a mi charco, pero antes de tan
siquiera pensar en volver a hundirme dentro, decidí que quizás, ella no solo
era alguien por quien suspirar, si no mi mejor aliada para acabar con la desolación,
y así fue y sigue siendo, yo lucho y ella a mi lado, dándome las fuerzas que
necesito para enfrentarme a todo mientras cuida de mi viejo moribundo.
Quiero construir una casa donde antes
estaba el lodazal, pero creo que aunque construyera el mejor de los palacios, jamás
estará a la altura de lo que ha hecho por mí. Aun así ella se mancha las manos
de barro y sonríe con cada ladrillo que ponemos juntos.
Gracias por quererme, cuidarme y conseguir
que mi viejo moribundo, vuelva a latir.
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