erase una vez un humilde jardinero enamorado de su trabajo y de la belleza del mismo.
cierto día una carta llego a sus manos, en ella había una minúscula semilla y un manuscrito, el cual contaba maravillas de aquella semilla, contaba que sus pétalos invitaban a la luna a brilla con fuerza, su aroma calentaba el corazón del hombre mas frió y solo crecía si se le dedicaba un poema de amor cada día.
sin tardar ni un segundo y maravillado por aquellos prodigios y muchos mas que contaba la carta, salio al patio y la planto en el primer sitio que encontró, he impaciente improviso el mas estúpido pareado que jamas a un hombre se le habría ocurrido, obviamente no ocurrió nada, y como ya era muy tarde decidió acostarse y esperar al día siguiente.
por la mañana y mas inspirado recito otro poema y al día siguiente igual y así durante muchos meses, pero aquello no surtió ningún efecto.
paso mucho tiempo y como en todas las bellas historias la desgracia callo sobre el jardinero, un incendio acabo con la belleza y el trabajo de su jardín, y triste y abatido solo podía llorar y llorar cuando de pronto apareció a su espalda una sombra encapuchada que se dirigió al mismo lugar en el que, ya olvidado, el jardinero planto la extraña semilla hacia tiempo, la saco de la tierra y la planto en otro lugar donde las llamas ya acabaron de comer y solo dejaron las cenizas, entonces se dirigió al hombre y le dijo: solo estaba en la tierra equivocada, ahora dedícale amor a aquello que aun se mantiene cuando no queda nada, y desapareció, el hombre, con duda, se acerco a la semilla y lamentando sus suerte le dedico el poema de amor mas bello y maravilloso del mundo acabando con una frase: ...por que a veces es necesario que todo muera para que vuelva a brotar, y tan pronto como acabo. un pequeño tallo surgió del suelo. y de el una flor como el rostro de la virginal aurora coronada con los rayos del sol.
aquello fue suficiente para que el jardinero volviera a sonreír
cierto día una carta llego a sus manos, en ella había una minúscula semilla y un manuscrito, el cual contaba maravillas de aquella semilla, contaba que sus pétalos invitaban a la luna a brilla con fuerza, su aroma calentaba el corazón del hombre mas frió y solo crecía si se le dedicaba un poema de amor cada día.
sin tardar ni un segundo y maravillado por aquellos prodigios y muchos mas que contaba la carta, salio al patio y la planto en el primer sitio que encontró, he impaciente improviso el mas estúpido pareado que jamas a un hombre se le habría ocurrido, obviamente no ocurrió nada, y como ya era muy tarde decidió acostarse y esperar al día siguiente.
por la mañana y mas inspirado recito otro poema y al día siguiente igual y así durante muchos meses, pero aquello no surtió ningún efecto.
paso mucho tiempo y como en todas las bellas historias la desgracia callo sobre el jardinero, un incendio acabo con la belleza y el trabajo de su jardín, y triste y abatido solo podía llorar y llorar cuando de pronto apareció a su espalda una sombra encapuchada que se dirigió al mismo lugar en el que, ya olvidado, el jardinero planto la extraña semilla hacia tiempo, la saco de la tierra y la planto en otro lugar donde las llamas ya acabaron de comer y solo dejaron las cenizas, entonces se dirigió al hombre y le dijo: solo estaba en la tierra equivocada, ahora dedícale amor a aquello que aun se mantiene cuando no queda nada, y desapareció, el hombre, con duda, se acerco a la semilla y lamentando sus suerte le dedico el poema de amor mas bello y maravilloso del mundo acabando con una frase: ...por que a veces es necesario que todo muera para que vuelva a brotar, y tan pronto como acabo. un pequeño tallo surgió del suelo. y de el una flor como el rostro de la virginal aurora coronada con los rayos del sol.
aquello fue suficiente para que el jardinero volviera a sonreír