Trabajaban en la misma oficina, ella era
secretaria de admisiones para Global Solutions Corporation, y él, el solo era
un cobarde más.
Sus vidas antes nunca se habían cruzado y
la verdad es que al joven Josh Adams, cada vez se le venían mas a la cabeza las
palabras que el viejo Willem le dijo antes de salir de la pequeña granja de
Harrison Dale: “ la vida es muy corta para pasarla lamentando lo que no hemos
conseguido”; pero que podía hacer el, un
chico de pueblo, retraído y callado de día,
y un demonio del jazz por la noche, su vida giraba en torno a la locura, de día
llevaba las cuentas con exactitud, entregaba sus informes y nunca perdía el
tiempo más de lo necesario en la máquina de café, su conversación más larga con
los compañeros era un sobrio hola por la mañana, y su momento más esperado del día,
era cuando recibía la llamada de teléfono que le indicaba que ya podía acercar
los informes a Elise Duncan, la bella secretaria de ojos azules y pelo castaño.
Ese era el Josh diurno, el Josh de corbata
a rayas y camisa blanca, de mocasines marrones, pantalones de pana y gafas de
pasta, pero cuando llegaba la noche... oh, cuando llegaba la noche la historia
cambiaba. Tocaba con un grupo de viejos músicos de jazz que tuvieron que huir
de nueva Orleans tras el Katrina, vestía como salido de una peli de los 30 y le
hacia el amor cada noche al piano raído del Cole's Site. Nada más llegar allí,
todos le saludaban; le conocía y le admiraban, era un virtuoso, llegaba a la
barra cada noche y pedía un chupito de absenta de la botella que escondían
debajo de la barra, la que les regalo el ya fallecido trompetista François
Dubois, el único que consiguió hacer hablar a una trompeta y hacerle sombra
desde una sonrisa cómplice a Josh en el escenario.
Se subió a la tarima y comenzó a tocar,
era la señal. Los demás componentes del grupo apuraban sus copas y se acercaban
sorteando al gentío hacia el escenario, la gente se apelotonaba y comenzaron a
sonar los silbidos de un público impaciente por escuchar las improvisaciones
influenciada por Scott Joplin o Oscar Peterson o por cualquier otro dios
del piano jazz.
Todo iba bien aquella noche, como
cualquier otra. La música vibraba en las paredes y contagiaban el ritmo a los
cuerpos que se sometían al placer musical de aquellos ritmos, de aquellas
variaciones... y como hipnotizados, era inevitable acabar siguiendo el ritmo
con cualquier parte del cuerpo. cuando Josh levanto la vista del teclado vio
como la bellísima Elise y sus amigas entraban por la puerta de cristal ahumado,
todo parecía ir a cámara lenta, y los sonido se hacía eco y distorsionaban su
realidad, solo existía ella, pero Elise no pareció darse cuenta de que aquella
ambientación procedía de las caricias que Josh le regalaba al piano, entonces
se le ocurrió la gran idea de tocar una canción e intentar transmitir sus
sentimientos hacia ella con cada una de las notas, como le enseño François, así
que pidió a sus compañeros que abandonases un momento el escenario, le hizo un
señal con la mano a Cole, el camarero, y este cambio las luces a unos focos
verdes que solo iluminaban el piano, solo al piano, dejando a Josh como una
sombra fantasmal que se mecía como flotando entre el humo de tabaco y los
vapores del alcohol.
cuando comenzó la melodía todo el bar
cambio de situación, se iniciaron las conversaciones, casi nadie prestaba atención
a la música del escenario, lo consideraban música de ambiente, no parte del
concierto, pero no a todo el mundo le pareció así, a Elise algo le decía que
aquella música era para ella, porque podía entender a veces entre las notas
como el piano decía su nombre, le dio otro sorbo a su copa de Secret 43 e
intento ignorar aquella música y continuar la noche con sus amigas en aquel
antro, pero en ese momento pudo entender con exactitud en la música un
"Elise te deseo". el calor se apodero de su pecho, las manos le
empezaron a temblar y una ligera sensación de placer se iba deslizando hacia
sus tobillos desde la cintura, mordió su labio y cerró los ojos, ya no le
importaban sus amigas, la gente, el ruido… parecía que todo se desvanecía y se sentía
como haciendo el amor por aquella música. De pronto Josh aporreo el teclado y a
Elise se le cayó el vaso, saliendo del trance, hiperventilaba y se sentía
mareada, pero en su cara parecía haberse tatuado una sonrisa, y a pesar de sus
temblores en las piernas, decidió acercarse al escenario, para hablar con aquel
músico envuelto en sombras.
-ha sido increíble -dijo Elise- nunca me había sentido tan bien
con una música.
-pensemos que esta música es solo para usted señorita.
-pensara que estoy loca, pero por un momento pensé que incluso decía
mi nombre…
-quizás este humilde compositor lleva tiempo buscando las notas
necesarias para decir lo mucho que la desea y la ama.
Josh aun oculto en las sombras, esbozó una
sonrisa y se marchó cometiendo el error de despedirse diciendo: - hasta mañana
en la oficina. Cuando se dio cuenta de que se había descubierto se levantó
nervioso, agarro su chaqueta y salió huyendo por la puerta de incendios.
Aquella noche Josh no podía dormir, le pareció
increíble que se hubiera descubierto de esa manera, y pensó que el lunes cuando
llegara a la oficina todo el mundo se reiría del callado y serio de Josh, así
que confió que el domingo y la resaca de alcohol borraran lo ocurrido de la
cabeza de Elise, porque, ¿cómo alguien como el podría conquistar a aquella
diosa?
Llego el temido lunes, y si normalmente
era callado y distante, aquel día caminaba como si escondiera un terrible
secreto, llego a su cubículo y comenzó a trabajar intentando evadirse de toda preocupación,
hasta que se dio cuenta que en dos hora tendría que entregar los informes a la
responsable de sus sudores fríos y los escalofríos por la espalda de aquel día.
El reloj no tenía piedad, minuto a minuto
el momento se iba acercando, sus nervios iban en aumento y pareció sentirse
mareado, cuando de pronto, sonó el teléfono, era la señal para llevar el
trabajo a la mesa de Elise, pensó en pedirle el favor a otro compañero pero
nunca había tratado con ninguno y por mucho miedo que tuviera, no iba a empezar
aquel día. Tomo el ascensor, y su corazón comenzó a pelearse con su pecho, y
mil hormigas comenzaron a danzarle en el estómago, se abrieron las puertas y al
final del pasillo, allí estaba ella… sellando, grapando... tranquila, como si
se hubiera olvidado de todo aquello, como si nada hubiera pasado, así que se sintió
más tranquilo, pensó que no tenía ya nada más por lo que preocuparse, aunque
muy en el fondo se sentía un poco decepcionado.
Dejo los informes sobre la mesa y se dio
la vuelta:
-¡espere Josh!
El corazón le dio un vuelco, se giró
lentamente con los ojos desencajados y la boca entreabierta, vio como Elise sin
mirarle le tendía un sobre, Josh lo cogió y camino deprisa de vuelta al
ascensor, marco el piso 3 y las puertas se cerraron, el tiempo paso lento
y miro el sobre, pensó que quizás se hubiera enfadado por algo y había hecho
que lo echaran o quizás solo fuera un cheque de la paga de febrero.
Las puertas se abrieron y camino muy despacio, llego a su cubículo
y se sentó, tomo aliento, abrió el sobre y leyó:
Estimado pianista, yo también... y me
muero de ganas de tener un concierto a solas, espero que no se sienta
presionado, pero me gustaría volver a verle y comprobar si las palabras que entendí
del piano, pueden también salir de sus labios. Atentamente, su admiradora.
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