miércoles, 21 de mayo de 2014

la corazonada de Anna

El día se iniciaba cuando Anna aun no había dormido lo más minino. Se pasó toda la noche recostada en la cama rozando las cuerdas de su bajo, con la mirada perdida y con la sensación de querer respuestas y no saber dónde encontrarlas.

Los primeros rayos de sol se colaban por los agujeros de la persiana y pintaban haces en el humo de la habitación. La mezcla de tabaco, incienso y libro viejo se apreciaba empalagosa y densa, pero a Anna no le molestaba, de hecho le traía recuerdos de su infancia casi olvidada.

Dejo el bajo a los pies de su cama y miro el móvil: "las 8:30... Cole no se habrá despertado aun, buen momento para escabullirme de currar"

Cogió algo de ropa, pensado en vestirse en el ascensor a toda prisa y salió a hurtadillas intentando que el viejo suelo de madera no rechinara, y cuando estuvo en frente de la puerta... El ruido de llaves tras el cual, la puerta se abrió y apareció Ángel agarrando a un bulto que parecia Cole ebrio:

- Ayúdame Anna- dijo Ángel acalorado- llevo toda la mañana intentando llevármelo, pero no había manera.
- ¿Y la sangre de su camisa?- pregunto Anna preocupada
- según me ha contado, anoche estaba tan ciego que se puso a buscar bronca y cuando casi la encuentra tropezó y callo contra una farola...
- Aniiitaaaa... qué guapa eshtas por lash mañanaaaas,- dijo Cole con los ojos inyectados en sangre.

El aliento de Cole puso los pelos de punta a la pobre Anna que no pudo evitar sentir nauseas.

-Llévalo a su habitación Ángel, voy a preparar café...
-¿Le ducho? - pregunto Ángel desorientado
-¿Tu veras? si te hace ilusión tocarle borracho y desnudo...- dijo Anna mientras ponía la cafetera en el fuego.
-Bien visto, mejor que no, a ver si se va a poner... "cariñoso"- remato ángel con una sonrisa burlona en su cara

Ángel camino torpemente tropezando con libros y vinilos que había a modo de columna en el suelo hasta que por fin lo dejo caer en su cama, le quito sus zapatillas y cerro la persiana de la habitación.

En la cocina sonaba el silbido de la cafetera, y el olor a tostado inundaba la estancia.

- ¿Qué te pasa Anna?- pregunto ángel al ver su cara arrugada.
- ¿Qué, que me pasa? ¿Te parece normal como venís? ¿Y a qué horas?, joder a veces me siento la madre de este pánfilo...

Ángel no pudo evitar soltar una risa, en el fondo quedaba raro que una chica cuya mayor característica era su inmadurez, hablara con tanta sensatez.

- Bueno, en cuanto a todo lo que has dicho, podría decirte...
- Nada Ángel, todo escusas. Tío parece que no le des importancia a nada, os pasáis las noches de cachondeo y volvéis a casa como si no pasara nada.

En los ojos de Anna se podía percibir un sentimiento de miedo y preocupación, pero Ángel no era capaz de intuir el motivo.

- Anna, yo anoche no salí, me lo encontré esta mañana frente a la librería de Wilburg discutiendo sobre la importancia del formato de bolsillo en el futuro literario, y encima lo discutía con su propio reflejo...

Anna sonrió imaginando lo ridículo de la escena.

-Entonces tu... ¿Qué hacías tan temprano por la calle?
-Iba a la editorial, a ver si suplicándoles un poco, conseguía de nuevo que aceptaran mi compromiso con ellos.
-¿Vuelves a escribir entonces?
-Si.
-¿Y sobre qué?- pregunto Anna ilusionada.

Ángel se ruborizo, en el fondo no quería decirla que era sobre ella, o más bien sobre como ella le hacía sentir, así que trago saliva y le soltó la primera mentira que se le ocurrió.

-Voy a retomar la antigua novela que tenía a medias.

Anna en el fondo se sintió decepcionada de no haber obtenido más información, pero tampoco había descansado lo suficiente como para iniciar un interrogatorio.

-¿oye y a ti últimamente que te pasa?- dijo Ángel cogiendo un cigarrillo del su paquete.

Anna se escondió detrás de la taza de café humeante, sabía que algo en su cara había delatado el asunto que tan repetitivamente la atormentaba.

- A que te refieres- dijo Anna haciéndose la sorprendida
- Pues no se... quizás a tus ojeras, a tus pelos, a tus pintas.
En ese momento se dio cuenta que presto tanta atención a no hacer ruido y salir de casa antes de que Cole despertara, que no se había duchado, ni peinado y lo que era aún más vergonzoso para ella, solo llevaba una camiseta larga de Rise Against y unas braguitas. De pronto se ruborizo al darse cuenta de que estaba semi desnuda delante de Ángel, pero tenía que aparentar normalidad:

- ¿qué pasa? estoy en mi casa y voy cómoda.... dijo Anna apartando la mirada de Ángel disimuladamente
- No me refería a eso- cortó Ángel- por mí como si vas desnuda...

 Aquel comentario sí que la sorprendió

-A lo que realmente me refiero es a que tienes cara de no haber dormido en varios días.

Anna no pudo evitar sonreír al ver la cara de preocupación de Ángel, pues en el fondo le parecía bastante tierno que se siguiera preocupando por ella.

- Si, bueno... ya sabes, demasiadas cosas en la cabeza, supongo...
- Pues nada debería ser tan importante como para que juegues con tu salud- sentencio Ángel dándole otra calada al cigarro.

Anna se había propuesto averiguar la verdad detrás del intento de asesinato de Ángel, pero no sabía cómo se lo tomaría. La verdad es que lo que más le atormentaba de aquel caso es la normalidad con la que Ángel se lo había tomado todo, y el hecho de que no mostrara el mas mínimo ápice de preocupación o disgusto por lo de Sienna, le intrigaba aún más, pero aun así, ella no podía quedarse con la duda: ¿quién y por qué, habían intentado matar a Ángel y a Sienna?


Quizás no fuera de su incumbencia, pero ella tenía muy claro que no pararía hasta descubrir que fue lo que realmente paso, y de lo que estaba aún más convencida era de a quien tenía que empezar a preguntar, aunque dudaba que fuera capaz de "responderla" nada.

miércoles, 7 de mayo de 2014

El latido protegido.

Eran las ultimas horas del día, el sol se iba escondiendo poco a poco, sembrando sombras entre haces de luz dorada. sus pasos crujían en un suelo tapizado de hojarasca gris y el viento silbaba una melodía triste que se maridaba con el olor a hierba húmeda, a suelo recién mojado y al silencio de aquel enorme cementerio.

A lo lejos, mientras avanzaban  sus pasos, descubrió un comitiva de enlutados que seguían con paso firme a un reluciente Lincoln negro, decorado con coronas de flores blancas. Y presidiendo la comitiva, un padre y una madre, que aun abrazados, no podían evitar sentir soledad que en sus corazones había dejado su joven hija.

Cambio de visión para dirigirse a su destino. Paso acariciando con delicadeza las superficies de algunas lapidas sintiéndolas frías y rugosas. El viento le mesaba sus cabellos y aquella sensación la agradaba, y no pudo evitar pensar si al morir sentiría el viento en su cara.

A lo lejos cerca del borde del cementerio, muy cerca del acantilado que lo limitaba, pudo encontrar a quien buscaba.

Se quedo de pie, y frente a ella una lapida de mármol oscuro parecía salir directamente del suelo. En esta solo un nombre y unas fechas: Ernest Simmos 28 de febrero de 1931- 3 de diciembre de 1999

Ella permanecía inmóvil frente a la lapida, sonrió y se agacho para cambiar un tallo reseco por una hermosa y fresca flor de rosa color carmín.

Quería decir algo, pero no le salían las palabras, se sentía triste, pero no por el, ni siquiera por ella, se sentía triste por que conocía la historia de aquel hombre que allí descansaba.

Pasado un rato decidió sentarse frente a la tumba, sin hacer caso a la humedad del suelo que empapo su trasero. Solo le importaba la soledad acompañada que experimentaba en aquel momento. La sensación de que a pesar de que se hubiera ido, su historia lo haría eterno.

No era un amante, ni un marido, ni un hermano o un abuelo, aquel hombre que allí reposaba prácticamente era un desconocido y solo había sabido de el, por las historias que le contó su abuela los días antes de exhalar.

Aquel hombre era y fue durante años el único y verdadero amor de su amada abuela.

Antes de morir, le narro que hacia muchos años conoció a un chico que se dedicaba a robar, pero que no robaba objetos materiales, si no sentimientos... iba por la vida provocando sonrisas, lagrimas, alegrías y penas... decía que los coleccionaba y que solo le faltaba una cosa que robar, un corazón. pero por mucho que lo intentaba, se dio cuenta que cuando robas un corazón este se marchita y se rompe en mil pedazos, con el inconveniente de que la persona robada, ya no es capaz de volver a sonreír con la misma luz.

Así que ella pensó durante días la manera de poder ayudarle, hasta que después de varios días y varias visitas furtivas, lo descubrió: un corazón no se roba, un corazón debe ser regalado.

Así fue como consiguió su corazón para completar su colección.

Habían pasado los años ella se vio obligada a casarse con otro hombre, pero a pesar de eso, ella no dejo de recordarlo: las tardes escondidos en el parque, o los besos a través de la verja de hierro forjado de detrás de su casa.

Cada uno de esos gestos alimentaba el corazón que aquel chico se había llevado.

Era por eso, por lo que antes de morir, su abuela le contó el mayor de sus secretos:

"Aunque lleves la sangre de tu abuelo, has de saber que eres nieta de otro, pues así como yo te quiero de corazón, ese corazón lo cuida otro"

Por eso, para que el corazón de su abuela siguiera latiendo, ella prometió llevar las flores que ella llevaba cada semana a la tumba de aquel supuesto desconocido, para que estuviera donde estuviera, el, siguiera cuidado ese corazón enamorado.

lunes, 27 de enero de 2014

Visita inesperada.

Habían pasado 7 semanas desde que le dieron el alta, afortunadamente recupero la visión y a pesar de que la luz le molesto cuando le retiraron el vendaje por primera vez… ver la cara de Anna y Cole sonrientes le reconforto muchísimo; Por desgracia, la editorial había perdido la paciencia y decidieron dejar de contar con Ángel para publicarle, pues según ellos, no estaba cumpliendo con los plazos de entrega, y a pesar que Cole intento explicar la situación por la que pasaba Ángel para conseguirle algo más de tiempo, la respuesta fue franca y clara: "esto es un negocio, entendemos que la situación del Sr Ángel sea un caso particular, pero su particularidad nos puede costar dinero". Si al menos la conversación se hubiera quedado ahí, quizás Ángel más adelante podría haber suplicado, pero Cole y su maravillosa capacidad diplomática, lo remataron todo con un: "Ustedes lo que son unos hijos de puta, yo que ustedes iría mirando a las espaldas pos si acaso son ustedes los que reciben un tiro".  Aquello sentención la carrera de Ángel con aquella Editorial, además ya no sentía las mismas ganas de seguir escribiendo.

A pesar de lo mal que le estaban yendo las cosas, Ángel se sentía afortunado de seguir vivo, solo lamentaba no poder haber llamado a Gianna, la prima de Sienna y única pariente viva de esta para darle el pésame, de hecho aquella situación le hacía sentirse culpable a pesar de no recordar nada de aquella noche. Era por todo esto por lo que desde entonces en su cabeza, Ángel no paraba de darle vueltas a lo mismo una y otra vez... "¿cómo y porque había ocurrido todo aquello?"

Como muchas veces le gustaba hacer, se recreaba en su melancolía patológica mientras disfrutaba de la soledad del puerto a las tantas de la noche. Caminaba muy despacio intentando dejar la mente en blanco y sus pasos parecían enmudecer ante el incesante roncar de las olas contra el puerto.

Cuando sus paso se detuvieron, había llegado casi al final del espigón y aunque le gustaba ir allí para relajarse con el oleaje y dejar de pensar, aquella noche una sensación de frio inquieto no le dejaba de acechar desde todos lados.

Se sentó en el banco y encendió un cigarrillo. ¿Que podía hacer con su vida?, ¿porque siempre le ocurrían las peores desgracias?, ¿porque parecía que por más que se empeñara en ser feliz, nunca lo conseguía? Todas estas y muchas más preguntas resonaban en su cabeza. Quizás eran preguntas demasiado existenciales, pero no podía evitar sentirse vacío mientras dejaba escapar el humo entre sus labios.

De pronto el viento cambio, el oleaje se hizo más suave, y el viento arrastro unos pasos de mujer desde la bruma que  se empezaba a formar al inicio del espigón. Aquellos pasos a esas horas y en aquel sitio, preocuparon a Ángel pues no esperaba a nadie y desde que le dispararon, desconfiaba mucho de cualquier desconocido; además, la sensación de inquietud que tenía en su cuerpo no hacía las cosas más fáciles. Miro de reojo una y otra vez a ver si la silueta que se acercaba se iba definiendo. Le sorprendía la serenidad de aquellos pasos, que a pesar de ser elegantes, eran gráciles, por lo que supuso que la dueña de aquellos andares debía de ser una chica joven, de unos 26 o 30 años.

Aunque suene machista, el descubrir la silueta de una mujer lo tranquilizo, pero aun así no podía evitar seguir mirando a la mujer que se acercaba. Podría medir 1,60 y pico, parecía morena y llevaba el pelo suelto y rizado, en su cara se describía una sonrisa misteriosa y vestía con vaqueros y chaqueta de cuero marrón. Cuando Ángel le dio otra calada al cigarro y este se ilumino, los paso de la chica se detuvieron por un instante y se volvieron más lentos pero igual de decididos.

Ángel se mantuvo expectante a ver qué haría aquella mujer al comprobar que había alguien allí. Tras unos pasos más, la chica se acerco lo suficiente a angel como para poder verla con mas detalle: tenia unos preciosos ojos avellana, una nariz fina y respingona y colorada del frio del lugar, sus labios eran carnosos y de un color rosáceo oscuro con un piercing de aro en el centro del labio de abajo, su cara era más bien fina y las cejas bastante bien perfiladas, le llamo la atención el pequeño lunar que tenía bajo la comisura derecha del labio. Tenía las manos finas y no llevaba anillos o pulseras, solo un reloj Casio de plástico negro.

Se quitó los cascos que se ocultaban bajo su pelo; Ángel pudo escuchar un poco de rock antes de oír cómo se dirigía a el:

-¿Le importa que me siente?- dijo aquella desconocida con una voz muy suave y un extraño acento.

Ángel sintió como el corazón le latía con fuerza y su respiración se iba acelerando. En su fuero interno se desato una pelea, por un lado se intentaba convencer de que era una chica que solo quería sentarse en el último banco del espigón, y por otra parte... ¿una chica tan tarde en el espigón a solas para sentarse con un desconocido? así que con la mezcla de terror y fascinación indico con la mano que tomara asiento, intentando no mostrar lo que por dentro sentía.

- Me llamo Pia - dijo ella mientras sacaba un cigarro.

Ángel intento ser cortes y ofrecerle fuego...

- Tengo - dijo ella mostrando el mechero Zippo plateado- Gracias
- Mi nombre es An...
- Su nombre ya lo sé- corto Pia soltando el humo del pitillo.

A Ángel le empezó a asustar aquello y al tensarse amago querer salir corriendo:

- ¡Tranquilo...! ¿No creera que he venido hasta aquí para hacerle daño...?- dijo ella con celo
- Pues mira... a ver cómo se lo digo... eres una desconocida que sabe mi nombre y me sigue hasta aquí por la noche... y teniendo en cuenta de que tengo una cicatriz en mi pecho en la que dice "no te fíes de nadie" pues sinceramente... no sé qué pensar... – sentencio irónico

Pia soltó una carcajada, saco su paquete de tabaco y le ofreció a Ángel diciendo:

-Tranquilícese... No tengo intención ninguna de hacerle daño, se lo prometo. Además no voy armada salvo con este cuerpazo- Pia le soltó un guiño a Ángel esperando que aquella broma destensara la situación
-¿Y cómo se yo que eso es verdad...?- dijo Ángel frunciendo el ceño
- ¡Vamos! ¿No querrá que me quite aquí la ropa para demostrarle que voy desarmada...- respondió cortante
-Bueno al menos así sabré si es verdad lo del cuerpazo

Ambos se sonrieron y aunque la situación era muy extraña, en el fondo Ángel sentía que podía confiar en aquella mujer.

-Ángel, realmente estoy aquí para ayudarle. Se lo que ocurrió en el callejón... bueno, sabemos lo que paso.
- Pero… ¿Quién eres?
- Darle más datos acerca de mí, solo nos arriesgaría aún más.

Su tono ya había cambiado, su rostro plasmaba seriedad y su mirada se había tornado fría:

- He de suponer entonces que no se llamas Pia- pregunto Ángel irónico
- Por supuesto que no.
- Entonces… ¿Qué quiere de mí?- pregunto Ángel molesto
- Ángel, se está investigando el caso del intento de homicidio del que usted es víctima, la cuestión es que yo era la encargada del caso y me han retirado y lo que es aún más raro, no he podido tener acceso al informe de autopsias de Sienna Papaccio.
-¿Cómo?- pregunto Ángel abrumado con tantos datos
-Ángel, que creo que Sienna está viva.
-Pero no puede ser, Cole y Anna me dijeron que está muerta... y en el hospital también me dijeron... 
-Pero... ¿Alguien ha visto el cuerpo?

Aquella reflexión dejo helado a Ángel... el despertó unos días después de que a Sienna la hubieran enterrado, pero claro, supuestamente la enterraron en Palermo, donde se había enterrado toda su familia así que nadie pudo saber si realmente había un cadáver o no, al menos nadie de Old Hampton, pues Gianna volvió a Italia tras lo de su prima y no le cogía el teléfono...

Las dudas empezaron a sacudir la cabeza de Ángel hasta el punto en el que casi pierde el conocimiento:

-¿Ángel...? ¿ANGEL...? tranquilícese...- dijo mientras agarraba a Ángel que se iba desvaneciendo en el banco.
-¿Qué me tranquilice? llevo con depresión desde que me entere que había muerto... me importaba más que hubiera muerto que el hecho de que yo casi también hubiera muerto... ¿Se da cuenta de lo que me acaba de decir?... Es usted consciente de que han ocultado la verdad demasiado tiempo...
-Ángel... aún no sabemos la verdad... de hecho ahora estoy siguiendo las pistas fuera del caso... Si los de asuntos internos se enteran de que estoy continuando una investigación de carácter restringido... sería el fin de mi carrera, ¿Comprende?
-Y entonces que quiere de mi... acojonarme... hacerme la cabeza un puto lio... ¿Que?
- Ángel solo vengo a advertirle...

La cara de Ángel paso del enfado a la preocupación:

-¿Advertirme a mí? ¿de que...?
- Su amiga, Anna, corre peligro si sigue investigando por su cuenta
- ¿Como...? – Esa noticia le cayó por sorpresa.
- Ella está haciendo preguntas a gente sobre un tema que no debería tratar... y en un caso con tantos misterios por resolver, eso suele acabar de una manera. Creo que ya ha sufrido bastante con una supuesta perdida, como para que tenga que cargar con otra... ¿Entiende? apártala de todo esto porque no podre protegerla también a ella

Pia se levantó y miro fijamente a Ángel:

- Esto no es ninguna amenazada, recuerde que yo estoy de su parte en todo esto y descubriré que ocurre, pero mantenganse al margen de todo.

Automáticamente Pia se dio la vuelta y volvió sobre sus pasos.

Pasado un rato en reflexión, el móvil de Ángel sonó:

- ¿Ángel?
- Sí, dime Anna.
- ¿Vas a venir a por mí? Más que nada para esperar a Cole o no...

- Si, espérame dentro, tenemos que hablar.

sábado, 4 de enero de 2014

Señales en los sueños.

Anna salió de la habitación hacia al mostrador de la planta 6 para avisar a las enfermeras de que Ángel había despertado. Realmente se sentía muy reconfortada de que por fin estuviera consciente, pero otra parte de ella temía que “el accidente” le hubiera dejado secuelas ya que aún no podían saber si realmente se había quedado ciego o no. Durante las últimas noches antes de que despertara, Anna no pudo pegar ojo en su casa pensando si Ángel estaría o no bien, era extraño, pero desde su "afortunado" encontronazo en el puente, ya no volvió a ver a Ángel de la misma manera, y hasta Cole bromeaba con la idea de que le gustaba, a pesar de que en el fondo no le hacía mucha gracia cuando Anna le seguía el rollo con aquello.

Los pasillos estaban abarrotados con gente de un lado para otro: personal del hospital, familiares visitando a enfermos y repartidores portando enorme ramos de flores con dedicatorias del estilo " esperamos que mejores" y todo ello aderezado con el pestilente olor a antiséptico y a comida de hospital.

Cuando al fin llego al mostrador allí no había nadie y sospechaba que por mucho que esperase,  la situación no iba a cambiar, así que volvió por donde había venido.

De vuelta por los pasillos llego a la habitación cuando encontró a la doctora saliendo:

- Ah, hola, acabo de hablar con tu padre...
- ¡Eh..! No es mi padre, es... es Cole.
- Es igual, el Señor Vorkaerthos parece estable y ya ha salido de la zona de riesgo pero aun así no podemos retirarle la vía ni el oxígeno, así que se quedara aquí unos días más.
- “¿¿Vorkaerthos??”- Pensó Anna para si- ¿Y en cuanto a las visitas...? – Dijo con impaciencia.
- A eso iba. Como ya está consciente puede quedarse alguien con el pero solo una persona...

"Doctora Limbeck, acuda a sala 3..."

- bueno Amanda...
- Anna...
- Es igual. Me tengo que ir, cualquier problema esta noche llamas con el botón de la camilla; tu padre ya se ha ido...
- ¡Que no es mi padre!
- Bueno, es igual - dijo la doctora mientras se alejaba.

Anna giro el pomo de la puerta y aunque pensaba mantener una ligera conversación con Ángel para averiguar que le había pasado, se encontró que ya estaba dormido de nuevo - "Está estable"- recordaba para si las palabras de la doctora al ver el que no se movía más allá del suave balanceo de su pecho bajo las sabanas.

Durante un rato no paro de andar por la habitación, en su cabeza desde que dispararon a Ángel solo se le venía una y otra vez el momento en el que estuvo a punto de acabar con su propia vida y la sensación de volver a nacer cuando cayó de espaldas en la carretera; y después, verle...
Sus ojos color miel que la miraban casi lacrimosos, el rostro completamente desencajado de terror y a pesar de lo dantesco que pudiera parecer aquello, ella vio en ese momento la belleza de las personas, la sensación cálida de que alguien se preocupaba por ella, y después de aquel día, la sensación de agradecimiento iba en aumento, pues no la dejo sola ni un solo instante. Cuido de ella como algo más que la ahijada de su amigo... En su cabeza aparecían recuerdos de paseos juntos por la plaza del virtuoso y del día que conoció a Hugo, amigo de Ángel que allí trabajaba, de las noches que la esperaba hasta última hora para acompañarla a casa y de cómo Cole amenazante le repetía una y otra vez: "Con el no... le quiero mucho, pero es un colega mío" y de cómo Ángel y ella se burlaban cogiéndose de la mano y llamándose cariño delante suya.

Era extraño pero a pesar de ser una broma entre ambos, parecía que no les incomodaba demasiado la idea, o al menos eso pensaba fugazmente ella a pensar que la sombra de Siena siempre andaba cerca.

Por todo aquello Anna se sentía en deuda con él a pesar de que nunca le pedia nada a cambio y eso le gustaba mucho más. La idea de que alguien hiciera algo por ella porque si sin esperar absolutamente nada a cambio, le parecía muy tierno y transformo su concepto de las personas e hizo de la joven rebelde alguien más madura y sensata, a pesar de que seguía disfrutando de tocarle los huevos a Cole una y otra vez como una niñata.

Era muy extraño, a pesar de haberse enterado de la trágica noticia, Ángel parecía sereno... quizás demasiadas cosas le rondaban la cabeza como para poder preocuparse por todas o quizás simplemente no creía del todo el que Sienna hubiera muerto.

Después de un rato y aburrida de dar vueltas, acabo por sentarse en una silla de la sala, cerca de la ventana, no sin antes volver a comprobar que Ángel seguía vivo a pesar de seguir escuchando el monótono pitido del “electro”.

Se quedó mirando las estrellas, las pocas que la luz de la ciudad le dejaba ver, y poco a poco el sueño se iba apoderando de ella más y más…

De pronto se encontró en medio de la ciudad. Estaba completamente vacía y silenciosa. Intento gritar para llamar a alguien, pero no pudo oírse ni a sí misma y lo que le extraño aún más, todo estaba en blanco y negro.

Camino durante un rato hasta llegar a la plaza del virtuoso. Vacía de gente parecía aún más grande e imponente. En el centro de la plaza vio una silueta inmóvil; No sabía que hacer pues a pesar de que le daba miedo encontrarse con alguien en un sitio tan grande y vacío, algo familiar en la silueta la llamaba. Siguió andando y cuando llego al centro, vio que aquella silueta era un mimo. Anna comprobó sus bolsillos y saco una moneda, y tras depositarla en un viejo bombín que había en el suelo, el mimo comenzo a moverse...

Al principio sonrió e hizo una elegante reverencia, después estiro sus dedos índice y corazón  y simulo una pistola dejando instantáneamente de sonreír. Tras ese gesto, el mimo modifico la posición de los dedos dejando solo el índice erguido y llevándolo al parpado inferior de uno de sus ojos e hizo el típico gesto de "observa".

La cara del mimo volvió a la sonreír, hizo de nuevo la reverencia y  Anna despertó.

Se encontró en la silla, a oscuras. Froto sus ojos y se levantó para acercarse a la cama de Ángel. Le vio tranquilo, calmado, como si nada lo atormentara ni preocupara, le acaricio la cara con suavidad y le tapo bien con la sabana.

Se dio la vuelta, volvió a la ventaba y se quedó observando de nuevo las estrellas, pensativas en su sueño:

- ¿No puedes dormir?- dijo Ángel susurrante desde la cama.

Anna se giró y sonrió para volver de nuevo a mirar por la ventana:

- No, estaba dándole vueltas a una cosa que me intriga.- dijo Anna con voz despreocupada.
- ¿Hablas de las estrellas? - dijo Ángel sonriendo.
- Si... por ejemplo, ¿por qué brillan?- respondió irónica.
- A mí me intrigan otras cosas...- respondió Ángel casi asfixiado

Anna se giró y miro buscando los ojos de Ángel que seguían tapados con el vendaje:

- ¿Cómo qué?- Preguntó Anna intrigada
- Pues veras... Las estrellas brillan sin motivo, pero tú... ¿porque brillas tú?- dijo Ángel sonriente - algún motivo debe de haber.

Anna sonrió y soltó un leve suspiro que se confundía con una risa mientras se volvía a sentar en la silla:

- Ni que tú pudieras ver ahora si brillo o no.- dijo Anna torciendo la boca al darse cuenta de lo borde que había sonado eso teniendo en cuenta que quizás Ángel estuviera ciego.
- No necesito verte para saber que estas brillando.

Anna no esperaba aquella respuesta, se acercó de nuevo a la cama y agarro con ternura la mano de Ángel:

-¿Sabes? Algún día me atreveré a explicarte que me hace brillar, pero hoy no. Ahora descansa, esta noche me quedare yo contigo…






A mi "Anna", porque has cuidado de mi sonrisa cuando me dispararon en el pecho.